De qué morimos en Cali

Michel Maya

Hace un mes la Alcaldía pregonaba con bombos y platillos que en los primeros diez días de octubre las muertes violentas se habían reducido un 42%, pasando de 38 a 22, celebraban que era la tasa de homicidios “más baja de los últimos 20 años”, gracias al trabajo articulado, a la inversión social, al esfuerzo de las autoridades, en especial al “trabajo indeclinable de la Alcaldía por mermar los homicidios”.

Esta celebración contrasta con lo que algunos medios han denominado “racha de violencia” de los primeros 10 días de noviembre, sólo el pasado fin de semana 15 personas fueron asesinadas, incluso con señales de tortura en distintas zonas de Cali. Lo anterior permite concluir que la Alcaldía celebra muy rápido, toma cambios momentáneos y los presenta como     triunfos permanentes. Las cifras del Dane muestran que el panorama no ha cambiado mucho en 20 años, las cuatro principales causas de muertes en la ciudad siguen siendo las enfermedades cardiovasculares, los homicidios, los accidentes de tránsito y las enfermedades respiratorias.

Al ver los mapas de muertes en la ciudad se observa que donde más homicidios hay es en las zonas de menores recursos económicos, al revisar qué población predomina al morir a causa de enfermedades cardiovasculares y respiratorias encontramos que los sectores más pobres son la mayoría, al ver los grupos poblacionales que mueren por accidentes de tránsito, primero están los motociclistas, seguidos por los peatones y por último los ciclistas.

Urgen medidas de fondo, que vayan más allá de los anuncios para que Cali sea una ciudad para la Vida.  En Cali morimos de desidia, desgobierno y abandono, las muertes violentas, las enfermedades y los accidentes de tránsito se pueden prevenir.

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