Existen dos igualdades económicas que son fundamentales para comprender los vericuetos financieros humanos. La primera es micro y promulga que los activos serán iguales a los pasivos sumados al patrimonio. Los cambios en esta identidad explican financieramente si las operaciones fueron correctas o malsanas en un ámbito personal o corporativo.
La segunda es macro y señala que la oferta igualará a la demanda. Parece una afirmación de Perogrullo…. y sí, lo es. Sin embargo, esta elemental identidad implica, para asegurar su estricto cumplimiento, el movimiento de una serie de variables fundamentales que afectan nuestro diario vivir y que se ajustan gracias a una naturaleza humana veleidosa en la que el egoísmo juega un papel fundamental.
Y entre estas variables básicas encontramos una muy odiosa a la que el Maestro de maestros se refirió desprendidamente cuando aconsejó “dar al César lo que es del César”. Muchos nombres ha tenido: Impuestos, tributos, derechos de pernada, en la época feudal, etc.
Ha cobijado también cosas inimaginables como el lucir barba en la época de Pedro el Grande hasta el derecho de cubrir los senos en la India del siglo XVII. Y ha sido una variable tan antipática cuyo incremento suscitó revueltas como la Revolución Francesa y la Independencia de los EEUU.
Pero es una variable que necesita ser organizada porque de no hacerse, la gran ecuación se ajustará por sí sola a través de otras variables y con grandes traumatismos sociales.
Dolorosa conclusión: el consejo del ministro francés Colbert cuando en el Siglo XV aumentó impuestos: “Desplumar al ganso de tal forma que se obtenga la mayor cantidad de plumas con el menor ruido”.
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