El anuncio del inicio de la fase pública de negociaciones entre el Gobierno y el ELN fue una noticia esperada por los colombianos. La consolidación de los acercamientos de paz con el ELN se complicó más que el proceso con las Farc, cuyos acuerdos tardaron cuatro años, sobre todo por la práctica del secuestro.
El proceso con el ELN ya tiene un camino allanado. Hay temas comunes que atañen a ambas agendas, lo que permitiría dar celeridad a los trámites. Tal vez el ELN no tenga cuatro años para adelantar las conversaciones. La misma organización debe poner el acelerador en lugar de dilatar la agenda y la noticia de esta semana puede ser fruto de ello, del tiempo limitado para concretar los compromisos bilaterales. Son varias las señales que así lo demuestran:
El reconocimiento de superar el escollo de la práctica del secuestro y su manifestación de la voluntad de liberar a las personas privadas de la libertad.
Anunciaron el inicio de la fase pública de las negociaciones y la fecha definida para ello no se hizo esperar, solo dos semanas para sentarse a dialogar.
Decidieron apartar de esta primera fase a quienes han sido más radicales en sus exigencias para sentarse a la mesa.
El afán del Presidente para firmar la paz antes de concluir su mandato y el de la guerrilla para aprovechar la oportunidad de una reinserción con condiciones favorables, no puede llevar a improvisaciones, a acuerdos distantes del modelo de paz que buscan los colombianos que dejen reductos de violencia como ocurrió con las bandas criminales, cuya complejidad surgió después de los pactos con los grupos de autodefensa.
@WilsonRuízO
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