Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Sólido se desvanece en el aire

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Me gusta la música de Bob Dylan y la conservo  entre mi colección de  álbumes. Pero, en honor al nombre de esta columna,  en vez de una apología por el Premio Nobel,  hoy despacho mi rechazo. El fallo de la Academia Sueca que otorga el Premio Nobel de Literatura 2016  a Bob Dylan,  provoca mi reacción que  parodia  a Marshall Berman,

”Todo sólido se desvanece en el aire”. Sí, porque desde hace algún tiempo parece que cada vez el jurado se aleje del lineamiento inicial de enaltecer el trabajo literario de los novelistas y de los poetas. La motivación  para  su  decisión, explica la Academia Sueca, obedece a las letras de sus canciones de hace medio siglo y a sus dos crónicas autobiográficas.

¿Qué tal que se  empiece a otorgar  el Premio Oscar del Cine o el Premio Grammy de la Música, ya no a los actores y directores, ni a los cantantes y grupos musicales, sino  a los poetas y escritores,  dizque porque sus libros inspiran a los cineastas o a los intérpretes de la canción? También produce extrañeza que la Academia Sueca de las Letras  quiera exaltar a un cantante-poeta retirado de los escenarios y con una pluma colgada prematuramente.

Si la función de la Academia Sueca empieza a desvanecerse en el aire, le propondría que siga con Joan Manuel Serrat, cantor-poeta vigente y de huella universal.

Que también innove con  la variante de otorgar premios póstumos. Le pediría  un merecido Nobel para Juan Rulfo. Otro para  hacerle  justicia a la obra y memoria de Jorge Luis Borges.

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