El domingo del plebiscito pareció que la historia colombiana reversara hacia aquel nefasto periodo de peleas entre centralistas y federalistas, vivido entre 1810 y 1816, después de la declaración de patria independiente.
Enemistad caudillista que fue aprovechada por España para reconquistarnos instaurando el régimen del terror. En el caso del plebiscito algunos afirmaron que hayamos caído en una segunda Patria Boba.
Sin embargo, la Nueva Granada y Colombia no pueden mirarse como moldes equiparables. Las bobadas entre Camilo Torres y Antonio Nariño obedecieron a su inexperiencia administrativa, agravada por la incomunicación de las primeras quince provincias.
Se radicalizaron al proponer cada cual un gobierno central y fuerte desde Santa fe de Bogotá o una federación de varios gobiernos regionales y autónomos.
Quienes generaron el actual limbo jurídico de la paz son políticos avezados, con experiencia y monta, que ya no discuten cómo construir la república, sino que enfrascados en los odios personales, están motivados por las retaliaciones, aprovechando el desarrollo de las comunicaciones a través de las redes sociales. España, dos siglos después, ya no se alista a reconquistarnos, sino que se cuenta entre los países garantes de la paz y que ofrecen aportar al posconflicto.
En la Patria Boba se originaron las primeras guerras civiles de nuestra historia. Hoy el pueblo se resiste a que continúe la guerra y, engañado o confundido, entre los argumentos del sí o del no, sólo reclama a unísono la paz. El Comité Noruego atendió este clamor popular y por eso le otorgó el Premio Nobel de La Paz a nuestro presidente Juan Manuel Santos
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