Escribo esta nota el viernes anterior, con la seguridad que el Sí ganó el plebiscito gracias a la inmensa publicidad que al respecto adelantó el Gobierno Nacional, con incalculables costos y a la emotividad de muchos colombianos que votaron así no hayan leído y digerido el acuerdo de 297 páginas. Pero, Dios quiera que hacia adelante la implementación de dicho documento no vaya a ser motivo de tropiezos.
Lo cierto es que los colombianos ahora esperamos que la tranquilidad llegue al país y que se terminen de una vez por todas aquellas cosas que tanto nos han hecho sufrir. El narcotráfico, por ejemplo, que es igual o peor que los delitos de lesa humanidad que tanto nos afectaron. Que el tema agrario no vaya a cometer injusticias con los verdaderos propietarios de parcelas que algún día fueron arrebatadas por guerrillas y paramilitares.
Que nuestra democracia no peligre por causa de ese “bendito” tribunal de justicia transicional de la “paz”, creado por Enrique Santiago, un español comunista llevado a Cuba por las Farc como asesor, precisamente, para crear esperpentos como este, donde la sensación que brinda es que fue creado solo para investigar y condenar a paramilitares y a empresarios que fueron extorsionados o colaboraron con dinero para proteger sus empresas a falta de presencia gubernamental.
Eso solo ayudaría a crear nuevos frentes de violencia. Que el país realmente se transforme, con equidad y justicia social, pero dentro de las reglas democráticas que nos ha caracterizado. Nada de experimentos marxistas leninistas que solo conllevan miseria y pobreza. Dios salve a Colombia.
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