Después de Popayán, el tema de la gastronomía sigue siendo noticia: el 21 de septiembre se reúnen en Nueva York los presidentes de los países de la Alianza del Pacífico, Chile, Colombia, México y Perú, con el objetivo de concertar el asunto de las comidas típicas como incentivos turísticos de la región y empresas facilitadoras del libre comercio.
En las tertulias payanesas se entiende por qué la vulnerabilidad de la teoría evolucionista de Federico Engels, quién afirmaba que el trabajo humano y la aparición del lenguaje articulado fueran las causas exclusivas para la transformación del mono en hombre. La antropología demuestra que sólo el aprender a cocinar permitió alcanzar la categoría humana. Los animales son seres vivos heterótrofos, es decir que ingieren alimentos en estado natural. Los humanos somos los únicos seres vivos autótrofos porque preparamos los alimentos al gusto de nuestros paladares, tras procesarlos mediante el cocimiento o el asado de las materias primas.
La gastronomía también tiene importancia histórica patrimonial, lo comprueba el descubrimiento de América: Cristóbal Colón, más que ambicionar otra riqueza material, llegó al Nuevo Continente motivado por la búsqueda de aliños para los exquisitos paladares de los europeos.
En el Mediterráneo detentaban poder comercial los países poseedores de las especias y conocedores de los secretos de la gastronomía. Los congresos gastronómicos de Popayán y la reunión de los países de la Alianza del Pacífico, evidencian el boom gastronómico logrado por Colombia en el siglo XXI. Reconozcamos que las tradiciones de la cocina y la alimentación son factores significativos de cohesión social y cultural.
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