Los buenos y los malos

Rodrigo Fernández Chois

Avanzamos por la recta final del plebiscito y con seguridad en este último tramo los ataques y ofensas entre simpatizantes y contradictores se elevarán a niveles nunca vistos, siendo el principal campo de batalla las redes sociales.

No he leído completamente el documento de 297; de hecho su lectura no es fácil para realizarla en el mismo tiempo de un libro de iguales proporciones pero de delicada prosa y noble inspiración.

Sin embargo, en lo que he leído encuentro elementos que no son de mi agrado y otros que denotan un gran esfuerzo de reconciliación. Ante la imposibilidad de votar de manera favorable o negativa  cada aparte por separado y sólo tener como única opción un Sí o un No para aprobar un paquete completo, me inclino por el No.

Esto, apreciados lectores, no quiere decir que soy  guerrerista, el malo del paseo o un facho   empedernido, calificativos con los que suelen tildar los adeptos del Sí a quienes exponen su negativa intención de voto. Significa simplemente disconformidad con lo acordado y no que se sea enemigo de la paz. ¡Ningún colombiano de bien podría serlo! El poder votar y expresar libremente hace del proceso democrático el mejor  sistema para equilibrar de manera pacífica las diferencias ideológicas que han existido, existen y existirán.

El espacio de esta nota es corto para esgrimir las razones que sustentan mi decisión, pero sí es lo suficientemente amplio para    exhortar respeto y prudencia con la discrepancia. Roguemos para que el 2 de octubre, sea el resultado que fuere, la decisión soberana traiga lo mejor para nuestro país.

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