Rosa María Agudelo

El narcotráfico y el acuerdo

Rosa María Agudelo Ayerbe

En buena hora el Fiscal trajo a la mesa el debate de las fumigaciones con glifosato. Independientemente del método que se use, lo que debe encarar el país es la lucha efectiva contra los cultivos ilícitos. En los dos últimos años el número de hectáreas cultivadas con coca se triplicó.

Es triste que las autoridades se escuden en la sentencia de la Corte que prohíbe el uso de una sustancia. Al no poderse adelantar con esta vía, el país debió incrementar otras acciones para impedir el avance desmedido de la problemática. El narcotráfico es uno de los mayores generadores de violencia en nuestro país y se bajó totalmente la guardia para combatirlo. El acuerdo con las Farc en esta materia evidencia la conveniente ligereza con la que el Gobierno mira el narcotrafico.

En este punto, los acuerdos con las Farc se quedan absolutamente cortos, limitándose a plantear generalidades de una política antidrogas basada en combatir el consumo y en incluir a los pequeños cultivadores, fundamentos que desconocen el inmenso poder un negocio de esta magnitud.  El narcotráfico es el principal enemigo de la paz en Colombia. Su nefasto poder económico consolidó a las Farc, puso de rodillas nuestra débil democracia, contaminó nuestra economía y marcó nuestras conductas sociales, culturales y hasta estéticas. Es una falacia creer que lograremos una paz estable y duradera si no le metemos muela a este tema.

El narcotráfico volverá a financiar fuerzas armadas ilegales necesarias para protegerlo y solventarlo. Mal hace el Gobierno en manifestar que en vísperas del plebiscito esta polémica no conviene. Por el contrario, es uno de los temas estructurales que debemos afrontar si queremos realmente construir un nuevo país.

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