El tema electoral se parece muchas veces al tributario, se tiene que estar ampliando la base tributaria o el universo electoral, porque los que tienen el deber de tributar o votar no lo hacen, los unos por la escasez en sus bolsillos y los otros también. Frente a semejante fenómeno tan preocupante, siempre aparecen fórmulas mágicas que apuntan a mover esas voluntades perezosas; esta vez el ojo está puesto en el medio millón de miembros de la fuerza pública que conforman el aparato militar y policial más grande del continente en términos relativos.
Nada más inconveniente, además de inoportuno, que aperturar esta “caja de pandora”, en el momento preciso que intentamos desmilitarizar la política, concretando el acuerdo de paz de La Habana, que tiene como fin supremo conjurar para siempre el uso de las armas con fines políticos. Uno de los debates más enconados en la historia nuestra es la presencia de las armas en los temas políticos o electorales. Recuerden ustedes el memorable discurso de Alberto Lleras en el “teatro patria”, que apuntaba esencialmente a evitar que las fuerzas militares tomaran partido y a que las armas de la República estuvieran siempre al servicio de los intereses de la nación.
A las fuerzas militares hay que ofrecerles confianza en el proceso, insistirles en que los beneficios judiciales construidos a la luz de la justicia transicional también los cobijaría, que sus derechos adquiridos no están en juego y que su aporte con el proceso es indiscutible; el estado de la guerra a que se llegó generó la necesidad de la paz, en lugar de generarles expectativas contrarias a la esencia democrática.
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