Supremamente preocupante el evidente deterioro de la seguridad ciudadana en Cali. Hemos sido testigos en los últimos días de una polémica entre el alcalde Armitage y los periodistas por el tema. Los atracos masivos en lugares públicos, en el MIO, robos a casas y apartamentos, muerte de ciudadanos a mano de sicarios, fleteo, robo de celulares, son las modalidades que preocupan a todos los caleños.
Este tema debe ser objeto de análisis profundo por la administración municipal y todas las autoridades de policía y de inteligencia del Estado, máxime que se avecina la etapa de postconflicto y es muy posible que si no se tienen programas y planes concretos y eficaces se tienda a incrementar aún más la inseguridad en la ciudad, como ya ha pasado en países de Centroamérica después de los procesos de paz.
El alcalde tiene el liderazgo, la sensibilidad social, y el capital político que se requiere para sacar adelante este tema, pero debe encabezar rápidamente acciones concretas en favor de la seguridad, no es buscando culpables sino actuando con inteligencia y verticalidad.
Hay politicas que la alcaldía viene impulsando en materia social, lideradas por la secretaria de bienestar, que son muy bien intencionadas conceptuadas y direccionadas, que pueden ayudar a menguar la crisis en materia de seguridad, pero deben complementarse de manera integrada con programas preventivos, de inteligencia, apoyados con tecnología, donde además confluyan la gobernación y el gobierno nacional con ayudas reales.
Se necesita una política de generación de empleo, aumento de los ingresos de las familias, de educación para todos los niños y jóvenes, programas de cultura ciudadana, entre otros. Alcalde, usted tiene la palabra.
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