Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Enfermedad de transmisión textual

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

De manera ingenua algunos docentes suelen encargar a sus alumnos de una cantidad de ejercicios matemáticos y de lecturas obligatorias para las vacaciones de medio año.

Olvidan que si los muchachos entienden los procesos lógicos sobraría atiborrarles de problemas algebraicos o de cálculo. Al regreso al colegio muchos pedirán copia a sus compañeritos y salvado el asunto.

Pero las obligaciones escolares que no admiten suplantación son las lecturas impuestas. Los profesores de castellano deben recordar que cuando en clase la lectura no es una costumbre placentera, será tediosa la que ellos impongan a sus alumnos para las vacaciones.

Para lograr unas mejores competencias lectoras sería mejor que aquellos tortuosos maestros se guiaran por Los derechos del Lector, propuestos por Daniel Pennac: derecho a leer, a saltarse páginas, a no terminar un libro, a releer, a leer cualquier cosa, a leer lo que gusta, a leer en cualquier lugar, a picotear, a leer en voz alta o a guardar silencio y hojear las páginas sin leerlas.

Mis estimados docentes, oportunamente el profesor Fernando Vásquez Rodríguez, nos advierte que los niños no son adultos pequeños y en esa medida, son diferentes en sus gustos, preferencias y, por supuesto, sus lecturas.

Que a los niños les encanta la acción y el movimiento y, por ende, les gusta lo que salta y rebota, lo que suena y resplandece. Si hay un libro que los atrae es ese que puede formar parte de sus juegos. Que los niños son multilectores, cualidad que debe ser respetada por los adultos.

No olvidemos que el bovarismo es la enfermedad de transmisión textual.

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