Ahora sí la confusión y el caos reinan a lo largo y ancho de la ciudad. Nunca me imaginé que de tanta situación compleja que ha sufrido Cali, desde que se decidió medir y hacer visible el contexto de la violencia urbana, se iba a desarrollar desde la administración municipal y en cabeza del Alcalde el invento de una serie de teorías conspirativas, sin antecedentes en anteriores administraciones, para explicar y salir bien librado de la tragedia que día a día vivimos los caleños.
Las crisis que genera la pérdida constante de vidas, en lugar de convertirse en el elemento de una conspiración masiva, debe dar lugar a propuestas que apunten a ubicar la verdadera razón de tal situación.
El alcalde Armitage ha decidido que los altos índices de homicidios se deben a que los medios estaban creando una situación artificial de inseguridad. Luego decidió que cuando los ciudadanos optaran por denunciar los hechos criminales, estaban incursos en un complot que, como sucede en la cabeza de Maduro, en Venezuela, era impulsado por fuerzas oscuras. Qué horror.
Esto raya en la caricaturesco. El Alcalde le está colocando límites a los medios de comunicación y al derecho a denunciar. La manera más fácil de sortear la incapacidad, es inventarse una división entre amigos y enemigos de la seguridad.
No sabemos qué va a suceder con el avance que ha adquirido la percepción de inseguridad y menos qué alternativas presentará la administración. Lo lógico sería que se programara una intervención militar por varios meses, donde Ejército y Policía y todas las fuerzas del Estado hicieran presencia las 24 horas, como manera de disuadir al crimen y devolverle la confianza a los caleños.
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