Paso a paso

Fabio Cardozo

Dos asuntos importantes sucedieron esta semana que apenas comienza, respecto del proceso de paz: lo primero, es la orden dada por Timochenko a todas sus unidades de suspender la extorsión o el “impuesto de guerra” como ellos la denominan.

Esta “vacuna”, como la llamaría Patarroyo, pendía sobre comerciantes, transportadores, finqueros o cualquier persona que tuviera el infortunio de vivir bajo su influjo territorial, ocasionando debilitamiento económico en el campo, temor y  zozobra entre sus habitantes. Superar este flagelo generará condiciones obviamente positivas para la implementación del punto primero de los acuerdos de La Habana, justamente el referido al desarrollo rural.

Lo segundo de interés es el acuerdo logrado sobre el tema de participación política: se estableció el mecanismo para resucitar el olvidado estatuto de la oposición, que entre otras, fue una promesa incumplida de la Constitución del 91, que pretendía abrir las puertas de la participación con plenas garantías a las fuerzas emergentes en el espectro nacional.

Finalmente, la vieja clase política no desapareció, y mantuvo además su milimétrica participación en organismos como la Registraduría, impidiendo toda posibilidad de renovación institucional y política.

Ahora que de nuevo nos vamos a ocupar de este asunto tan importante, es el momento de insistir en la necesidad de pensar en una reforma política, que no solo le ofrezca garantías a la oposición, sino que le permita a las fuerzas que irrumpirán en medio de esta coyuntura condiciones político-electorales para competir sin el riesgo de ser barridas en el primer intento por la aplanadora del clientelismo y la corrupción, como ocurrió en los procesos de paz de los 90’s.

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