Miguel Yusty

“El Habanero” de Manolo

Miguel Yusty

“El Habanero” es de las cuatro discotecas que he concurrido en mis últimos 21 años, donde al son de mis boleros, mis sones y mi salsa de New York, he pasado impávido miles y miles de melodías, cientos y cientos de bailadas, tomando Coca cola y agua con hielo. Esta discoteca, la de mi amigo Manolo Vergara, tiene un encanto que difícilmente otra ha tenido. Sus jueves, consagrados desde octubre del 2005, cuando decidió abrirla, son una especie de maquina donde recicla y renueva la salsa, pero por sobre todo el recuerdo de la Sonora Matancera presidida por una escultura de Celia, que es el punto de atracción.

Manolo convirtió su discoteca en un museo. Transformó los jueves en la gran tarima donde presenta grupos y orquestas que tocan desde el bolero hasta la pachanga. Por estos días y durante cuatro jueves y bajo la consigna que la salsa debe vivir y no debe morir jamás, dio curso a la presentación de cuatro orquestas que homenajearon a la Pachanga. Hoy jueves remata con la “Orquesta Brava”, de manicomio García, después de que escuchamos a “Boleoro”, “La orquesta internacional los Niches” y “La Charanga Havana Club”.

Los jueves Vergara estrena traje y combinación cada ocho días, pero lo más encantador no son sus extrañas combinaciones, sino que agita en tono de discurso, como cualquier propagandista, y micrófono en mano, sobre la historia de cada disco.

Ese es el encanto de “El Habanero”, en una ciudad que está dejando escapar la magia de la salsa, para darle cabida a cuanto ritmo le imponen las migraciones que poco a poco han desfigurado la caleñidad.

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