agosto 09, 2013

También hay salsa para leer

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial-Diario Occidente
Cali, la sucursal del cielo, la capital de la salsa, además de contar con almas bailadoras que le rinden culto a los sonidos de la clave y el bongó, también tiene evangelizadores. Esto permite afirmar que en el VIII Festival Mundial Cali 2013, la salsa también se pueda leer, gracias a que los investigadores y los narradores, caleños y de otras partes del mundo, publicaron sus ensayos y sus novelas, sobre esta música popular derivada de la fusión del son cubano con los ritmos puertorriqueños. Por eso le sobra razón al profesor Alejandro Ulloa cuando titula un ensayo “La salsa en discusión”.

Caicedo y Valverde
A Andrés Caicedo con “Que viva la música”, se le reconoció como el iniciador de un género literario, que algunos críticos lo clasificaron generalizándole como literatura urbana, pero que al precisar los ámbitos asumidos, emana un subgénero que bien podemos denominar como la salsa literaria. Umberto Valverde, cercano a Caicedo por la narrativa de cuentos y la cinefilia como cine cluberos, ya se había anticipado en 1972 con “Bomba Camará”, y continuó sembrando tal literatura popular con “Celia Cruz Reina Rumba (1981) y “Quítate de la vía perico” (2001).

Rendón, el pionero
“El libro de la salsa” (1980) del venezolano César Miguel Rendón, es el texto magno sobre este género musical popular, reconocido como la más completa crónica de la música del caribe urbano. Ubica la importancia musical de los años 50 en Cuba, los 60 en Venezuela y, los 70 en Nueva York y Puerto Rico. “Las Estrellas de la Fania” y su gran concierto en el otoño de 1973 en el Yankee Stadium, fue reseñado en un capítulo del libro de Rendón, como el Boom de la Salsa, por ser el escenario para el gran despegue disquero, que llegó a Cali.

Ulloa en discusión
Alejandro Ulloa, profesor de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle, luego de una exhaustiva investigación dirigida a contextualizar la dinámica salsera paralela al proceso urbanístico y la configuración del nuevo producto cultural que se arraigó en los caleños, publicó en 1992 “La salsa en Cali”. El ensayo analiza los momentos históricos de la inmigración de la música afrocubana, contextualizada en la industrialización del municipio, la tipología barrial y el papel de las emisoras que determinaron una novedosa industria cultural.

Dos décadas después, en diciembre de 2008, el profesor Alejandro Ulloa publica “La salsa en discusión”, obra complementaria porque supera los factores sociológicos e históricos, para ahondar en los procesos artísticos determinados por las innovaciones en la salsa y sus nuevas tendencias que construyen las imágenes latinas y las expresiones de ese lenguaje no verbal del baile que universalizó la fama de los caleños. Es una rica fuente para quienes quieran participar en los debates y conversatorios del VIII Festival Mundial de Salsa de Cali, 2013.

Peregoyo y su combo
El tema es tan rico y diverso que cada especialista investigador de la salsa tiene sus propios argumentos en el debate, por ejemplo, el bonaverense José Antonio Cuevas Sanclemente, en su libro “Historia de la música del Pacífico” (2007), reivindica al maestro Enrique Urbano Tenorio, Peregoyo y su combo Vacaná, como uno de los precursores de la salsa con su primer larga duración “Mi Buenaventura”, Disco Fuentes 1966 y, a su bello puerto del mar, como la puerta grande por donde inmigró esta música, porque “la salsa llegó por Buenaventura”.

Raíces caribes
El comunicador social nariñense José Arteaga, por el contrario, en su libro “La música del Caribe” (1994), resalta la importancia raizal de los sonidos del barrio latino para la salsa. En su libro profundiza sobre el feeling como uno de los cambios en Cuba; la pachanga y el boogaloo, como la principal transformación musical en Nueva York; lo innovador de la sonoridad puertorriqueña de los combos; y el aporte representado por las fusiones de las descargas, el latin jazz y los ritmos afrocubanos. Arteaga reivindica a Joe Arroyo, como el salsero criollo.

Son de clave y bongó
Fabio Betancur Álvarez, profesor de sociología en la Universidad Nacional, en su libro “Sin clave y bongó no hay son” (1993), examina las raíces de la salsa desde la música ritual negra hasta el jazz afrocubano de Machito y, desde el son del Trío Matamoros, hasta los sextetos, los conjuntos y bandas, como la de Benny Moré. Presenta la hipótesis de un Caribe central y otro periférico que, igual que la poesía, nos lleva al son de Nicolás Guillén, los sextetos y el bongó al son, dejando huella en las confluencias musicales que después generarían la salsa.