Suicidio espectacular

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Hoy quiero que por favor tomen como no leído el titulo intencional de mi columna. Jamás, nadie podrá divertirse con la muerte. Ni siquiera los mismos asesinos.

La muerte solo era espectáculo en el circo romano. Por eso preocupa que, como tratándose de un espectáculo, hicieran una transmisión radial al aire con el caso del suicidio de Yessi Paola Moreno Cruz.

El miércoles pasado la angustiada madre de 32 años, cargando a su pequeño hijo Nicolás Ceballos Moreno, a las 8 am se lanzó al vacío desde un puente en Ibagué.

Paradójico que busquen rating de sintonía narrando, minuto a minuto, el paso del estado depresión a la desesperación humana, de una mujer que agobiada por las deudas tomó la fatal decisión de quitarse la vida.

Pero ahí no paró el asunto objeto de morbo, continuó en las redes sociales donde para medir el impacto sensacionalista cuantificaron el número de visitas de los seguidores que miraron y compartieron el video.

Invitó a los que usufructúan esta clase de sensacionalismo a que mejor promuevan programas serios de reflexión sobre el problema del suicidio, porque en nuestro país cada año se incrementa en un 5% en relación a las cifras anteriores y la población más vulnerable está entre 15 y 24 años de edad.  

Una transmisión sensacionalista sobre la muerte puede estimular a las personas que están en situación de incertidumbre suicida y tenían aplazado el momento porque no habían hallado una manera efectiva de realizarlo.

Quiero compartirle al orientador de tal programa radial, una consigna periodística de Gabriel García Márquez: Que nos distraiga la vida, no la muerte.