Cali, septiembre 10 de 2026. Actualizado: jueves, septiembre 10, 2026 19:00
Cuando termina un terremoto, la emergencia no siempre termina dentro de la casa.
Puede que no haya daños materiales, que todos estén bien y que las autoridades informen que la situación está controlada, pero entre los integrantes de una familia queda algo difícil de medir: miedo.
Algunos quieren hablar de lo ocurrido una y otra vez, otros prefieren guardar silencio, los niños hacen preguntas inesperadas y hay quienes parecen tranquilos durante el día, pero sienten temor cuando llega la noche.
Las primeras horas después de un sismo también deberían servir para recuperar la sensación de seguridad en familia.
No se trata de convencer a todos de que no volverá a ocurrir, porque nadie puede garantizarlo, sino de transmitir una idea mucho más realista: si vuelve a presentarse una emergencia, sabemos qué hacer y vamos a cuidarnos entre todos.
Una buena conversación puede comenzar preguntando algo tan sencillo como: “¿Cómo te sentiste cuando empezó a temblar?”.
La respuesta permite descubrir cosas que quizá no fueron evidentes durante la emergencia.
Un niño puede contar que pensó que sus padres iban a morir, un adulto mayor puede reconocer que teme no poder evacuar rápidamente y un adolescente puede admitir que su mayor angustia fue no saber dónde estaban sus familiares.
Una de las mejores formas de disminuir la incertidumbre es transformar el miedo en un plan familiar.
Todos deberían saber qué hacer si el próximo movimiento ocurre mientras duermen, si algunos están trabajando o estudiando, o si la familia se encuentra separada.
También conviene establecer quién ayudará a los niños pequeños, adultos mayores, personas con movilidad reducida o mascotas.
Estas conversaciones no necesitan convertirse en escenarios catastróficos.
El objetivo es conseguir que cada integrante sepa cuál es su papel y que nadie tenga la sensación de que tendría que enfrentar solo una nueva emergencia.
Hay otra conversación fundamental: ¿dónde nos encontramos si no funcionan los teléfonos? Tener un punto previamente acordado y un contacto familiar puede proporcionar mucha tranquilidad, especialmente a los niños.
Los padres suelen pensar que deben mostrarse completamente fuertes frente a sus hijos, pero decir “yo también tuve miedo” no necesariamente transmite inseguridad.
Puede convertirse en una oportunidad para enseñar que sentir miedo ante una situación peligrosa es natural y que lo importante es aprender a actuar a pesar de esa emoción.
Lo que sí conviene evitar son conversaciones alarmistas delante de los menores.
Repetir constantemente que “podría venir uno peor”, compartir rumores sobre supuestos nuevos terremotos o mantener durante horas imágenes de destrucción en televisión puede prolongar innecesariamente la sensación de amenaza.
Después de hablar y revisar el plan familiar, también hay que permitirse dejar de hablar del terremoto.
Prepararse no significa vivir esperando la siguiente sacudida.
Comer juntos, preparar algo en casa, conversar sobre otros temas, permitir que los niños jueguen, caminar, escuchar música o retomar las actividades habituales son pequeñas señales de normalidad que ayudan a recuperar tranquilidad.
Por la noche puede ser útil preguntar cómo se siente cada integrante antes de dormir.
Si un niño necesita temporalmente mayor cercanía, puede recibirla sin convertir el miedo en el centro de toda la dinámica familiar.
Fin de los artículos
Ver mapa del sitio | Desarrollado por: