Cali, julio 11 de 2026. Actualizado: sábado, julio 11, 2026 08:00

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El reloj biológico de las plantas

¿Cómo saben las plantas la hora sin necesidad de un sol visible?

A las seis de la tarde, un girasol comienza a inclinarse hacia el ocaso. A medianoche, las flores de dama de noche se abren para liberar su fragancia. ¿Cómo lo hacen?

Aunque no tienen ojos ni relojes, las plantas poseen un sofisticado reloj biológico interno, llamado circadiano, que regula sus funciones vitales con una precisión asombrosa.

Los ritmos circadianos vegetales

El término circadiano significa “alrededor de un día”. Al igual que en animales y humanos, las plantas siguen un ciclo interno de unas 24 horas que regula el crecimiento, la fotosíntesis, la floración y la producción de hormonas.

Incluso en ausencia de luz solar, este reloj sigue funcionando.

Experimentos en laboratorios, donde se colocaron plantas en completa oscuridad, demostraron que continuaban abriendo y cerrando sus hojas en el mismo horario.

Los genes del tiempo verde

En los últimos años, la biología molecular ha identificado genes clave que actúan como engranajes de este reloj vegetal.

Proteínas que se activan y desactivan cíclicamente permiten que la planta “sepa” en qué momento del día está.

Este mecanismo le da ventaja: puede anticiparse al amanecer y preparar su maquinaria fotosintética, o ajustar la apertura de estomas para evitar la pérdida de agua en las horas de más calor.

La memoria de la luz

Un hallazgo fascinante es que las plantas parecen tener memoria lumínica. En experimentos, después de recibir pulsos de luz artificial, ajustan sus ritmos como si hubieran vivido un amanecer real.

Es decir, no reaccionan solo al presente, sino que recuerdan y adaptan sus relojes internos.

Impacto en la agricultura

Comprender estos relojes ha abierto nuevas puertas en la agricultura. Modificar los genes circadianos puede lograr plantas que crezcan más rápido, produzcan más o se adapten a climas extremos.

Investigaciones recientes muestran que cultivos con relojes mejor sincronizados son más resistentes a plagas y sequías.

Plantas y humanos: un mismo compás

Curiosamente, los relojes circadianos vegetales comparten principios con los de los animales. Esto refuerza la idea de que la vida en la Tierra evolucionó bajo una misma batuta: el ciclo del día y la noche.

Así, aunque carezcan de ojos, las plantas “saben” la hora gracias a una herencia biológica compartida.

El reloj biológico de las plantas nos revela un secreto silencioso: la naturaleza nunca improvisa.

Cada pétalo que se abre, cada hoja que respira, está marcado por un compás invisible que late con la Tierra.

Observarlo no solo enriquece la ciencia, sino también nuestra conexión con el mundo vivo que nos rodea.

Este artículo es producido por un periodista del Diario Occidente con la asistencia de inteligencia artificial.


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