Cali, octubre 10 de 2026. Actualizado: sábado, octubre 10, 2026 14:18
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Los festivales y los carnavales son hechos colectivos que surgen, se desarrollan y perduran por tradición cultural, pero hay excepciones, cuando algunos obedecen a un sueño personal y se impulsan mediante proyectos administrativos, fue el caso del Festival de La Música del Pacífico “Petronio Álvarez”, que llega a su versión XXVIII.
Este evento, posicionado internacionalmente y que reúne músicos autóctonos y a miles de personas que vibran con los sonidos de violines, marimbas, clarinetes, cununos y tambores, fue gestado en 1996 por Germán Patiño, cuando se desempeñaba en la Secretaría Departamental de Cultura.
La idea nació tras evaluar “Cununo 2000. Música del Pacífico con Proyección al Futuro”, concierto presentado en el Teatro Jorge Isaacs, función en que además de la participación de destacados músicos (Francis Garcés, Maribel Orozco, Walter Perlaza, Juan Pablo Rentería, Richard Narváez, Andrés Mora, Gabriel Villegas, John Viafara, Juan Bazán, Emeris Solís y Hugo Candelario González), aunaron voces Cristina Álvarez, Fátima Lozano y Walter Perlaza.
En 1997 se realizó la primera versión del Festival “Petronio Álvarez” y “Bahía”, grupo dirigido por Hugo Candelario González, fue su primer ganador.
Germán Patiño, tras observar la acogida citadina por las composiciones del litoral, tuvo la idea de hacerlo más grande y que mostrase al mundo la riqueza de la música del Pacífico.
Quienes hoy disfrutan de su jolgorio, recordarán su semilla y tendrán presente que su nombre emblemático “Petronio Álvarez”, se escogió en homenaje a la memoria del “Rey del Currulao”, un hombre humilde y diestro maquinista del ferrocarril. El proyecto resultó de un sueño de Germán Patiño, investigador, historiador y gestor cultural.
Petronio Álvarez, quien amenizaba con canciones los viajes en tren, nos legó “Mi Buenaventura”, el currulao que trascendió fronteras. Germán Patiño, fue gestor del evento regional, posicionado entre los grandes festivales.
Los bonaerenses cantan alegremente sus versos y se mueven a ritmo de currulao, cuando escuchan “Mi Buenaventura”, la canción más popular del litoral que ya cumplió 93 años y cuyo autor se mereció el honor de denominar emblemáticamente al Festival de La Música del Pacífico.
Petronio Álvarez (Buenaventura 1914- Cali 1966), fue maquinista de Ferrocarriles de Colombia, reconocido como “El Cuco” debido a que demostró su destreza alguna vez que salvó su máquina cuando habían robado rieles de la vía. Se supo que en vez de frenar abruptamente, aceleró con precisión y por inercia se encarriló sin novedad alguna. Perteneció a una familia humilde del puerto y en su infancia, para ayudar a solventarla, en las tardes salía con un canasto a ofrecer empanadas de cambray por el puente “El Piñal”.
Petronio, en 1931, siendo aún muchacho, un día lluvioso cuando miraba las olas del mar, compuso el tema musical “Mi Buenaventura”, tras improvisar acordes con su guitarra y tararear: “Bello puerto del mar/ mi Buenaventura/ donde se aspira siempre/ la brisa pura…/”.
Germán Patiño (1948 – 2015), fue un caleño que desde niño se trasladó con su familia a Río De Janeiro, donde inició sus estudios en el colegio Mello & Souza, ya adolescente regresó a su ciudad natal donde terminó estudios en el Colegio Alemán y los universitarios en la Escuela Naval “Almirante Padilla” de Cartagena y en la Universidad de Los Andes de Bogotá.
Se desempeñó como docente en la Universidad Autónoma de Occidente, simultáneamente publicaba textos en los suplementos dominicales de los diarios El País y Occidente, también en la revista Metáfora; así mismo ensayos literarios y sociológicos, resultado de sus investigaciones, en importantes revistas culturales, como Banco de la República y la Revista Colombiana de Antropología.
Autor de varios libros: “Herr Simonds y otras historias del Valle del Cauca” (Printex Impresores, 1992), “Golondrinas en los cielos rotos” (Editorial Iberoamericana, 2001) “Fogón de negros. Cocina y cultura en una región latinoamericana” (Ministerio de La Cultura, 2012), “Con vose de caramela” (Edición Alcaldía de Santiago de Cali, 2013).
“María o la rebelión en el Paraíso”, texto publicado en Metáfora (Abril de 1995), es su gran ensayo de crítica a la obra de Jorge Isaacs.
En un conversatorio en Bogotá, en el año 2000, entre Germán Patiño, gestor del festival, Antonio Arnedo, músico y Alfredo Vanin, historiador; él expone la razón de ser del Festival Petronio: “En el Pacífico se hacían varios festivales de música. Tumaco, por ejemplo, todavía realiza un festival de currulao.
Buenaventura organizaba el festival Folclórico del Pacífico, que por no tener conceptos se desordenó y terminó convertido en un festival de música de moda impuesta por la radio. En Quibdó, con muchas dificultades, se lleva a cabo un festival de chirimías.
Estos eventos tenían un problema: no mostraban toda la riqueza musical del Pacífico, no comprendían el espectro global, que es extraordinario. Cada uno se concentraba en algo específico y nosotros en la región tenemos identificados unos 26 géneros musicales distintos, sin contar los indígenas.
Entonces, ¿qué pensamos nosotros? En llenar ese vacío. Hubo muchas dificultades, porque había que buscar los formatos musicales apropiados. Dentro de la amplia gama de géneros encontramos dos. En primer lugar, el grupo de marimba, que no tiene ningún tipo de elemento electro acústico y, por otra parte, identifica toda la cultura ribereña del sur del Pacífico, desde el río San Juan hacia abajo.
El otro fue el conjunto de chirimía. En el Chocó la chirimía evolucionó debido al mayor contacto con la cultura europea. También había grupos de cuerdas que hacían música del Pacífico. Decidimos introducir dos categorías: una de grupos de marimba y otra de chirimía”.
“Desde luego, yo no soy un crítico de la modernidad porque esa es una realidad. Pero la modernidad rompe muchas cosas. Y esta música que surgió de la sensibilidad de generaciones de campesinos pescadores y mineros, ya no le llega en la misma forma a los muchachos de la ciudad, que tienen otros intereses y otros sentimientos –afirmó Germán Patiño-. Entonces, decidimos abrir en el festival una categoría distinta, que fuera libre y no autóctona.
Ahí tienen la posibilidad de trabajar con otro tipo de instrumentación, inclusive electroacústica, y hacer fusiones que quieran.
Creo que es fundamental mantener la organología autóctona, porque de lo contrario, termina por academizarse demasiado la música y perder su sabor popular se aleja, entonces, el sentimiento auténtico de la región y del ambiente que lo creó”. (Con vose de caramela)
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