Cali, septiembre 14 de 2026. Actualizado: lunes, septiembre 14, 2026 20:57
Perros que comienzan a ladrar sin explicación, gatos que buscan esconderse, aves que abandonan repentinamente un lugar o animales que parecen inquietos minutos antes de que la tierra se mueva.
Después de un terremoto, las historias se multiplican: “mi perro lo sabía”, “el gato comenzó a comportarse extraño” o “los pájaros hicieron un ruido diferente antes del temblor”.
Pero ¿realmente los animales pueden anticipar un terremoto?
La idea no es nueva. El Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS, señala que uno de los relatos históricos más antiguos se remonta al año 373 antes de Cristo, cuando se habría observado que ratas, comadrejas, serpientes y ciempiés abandonaron sus refugios días antes de un terremoto destructivo en Grecia.
Desde entonces existen numerosos testimonios sobre comportamientos inusuales de perros, gatos, peces, aves, reptiles e insectos antes de movimientos sísmicos.
El problema aparece cuando esas historias se someten a comprobación científica.
Hasta ahora no se ha encontrado un comportamiento animal suficientemente consistente y reproducible que permita utilizarlo para predecir terremotos.
Un perro inquieto puede estar reaccionando a un sonido, otro animal, cambios ambientales o numerosas situaciones que nada tienen que ver con la actividad sísmica.
Aquí aparece una diferencia fundamental entre predecir un terremoto y detectar antes sus primeras señales.
Cuando ocurre un sismo se generan diferentes ondas sísmicas. Las ondas P viajan más rápido y generalmente producen movimientos menos intensos, mientras las ondas posteriores pueden provocar las sacudidas fuertes que percibimos claramente.
Algunos animales poseen sentidos particularmente sensibles a las vibraciones y pueden reaccionar a esas primeras ondas antes de que una persona advierta el movimiento más fuerte.
Esto significa que un perro podría levantarse repentinamente, un gato correr o un animal mostrar inquietud algunos segundos antes de que las personas presentes sientan claramente el terremoto.
Desde nuestra perspectiva parecería que “lo predijo”, cuando posiblemente lo que ocurrió es que detectó el terremoto antes que nosotros, cuando este ya había comenzado.
La diferencia es enorme. Una cosa sería que un animal supiera horas o días antes que ocurrirá un terremoto y otra muy distinta que perciba vibraciones que nuestros sentidos todavía no detectan.
Esta es precisamente la parte que continúa generando interés científico.
Durante décadas se han investigado testimonios sobre animales que supuestamente cambiaron su comportamiento horas o días antes de grandes terremotos.
Una investigación del USGS que estudió terremotos en América encontró reportes de comportamientos inusuales algunas horas antes de determinados eventos, pero no antes de la mayoría.
Incluso cuando existían esos reportes, la mayor parte de los animales se había comportado normalmente.
También se han propuesto diferentes hipótesis sobre posibles cambios físicos anteriores a una ruptura sísmica que ciertos animales pudieran percibir.
Sin embargo, demostrar una relación repetible entre una determinada conducta y la posterior ocurrencia de un terremoto continúa siendo el gran problema.
Cuidado con interpretar todo después de que ocurre
Existe además un fenómeno muy humano: después de conocer el desenlace comenzamos a reinterpretar aquello que ocurrió anteriormente.
Si nuestro perro estuvo inquieto durante la tarde y esa noche ocurre un terremoto, probablemente recordaremos inmediatamente su comportamiento y estableceremos una relación.
Pero posiblemente el animal estuvo inquieto muchas otras veces durante el año sin que posteriormente temblara.
Para que una conducta sirviera realmente como método de predicción tendría que repetirse de manera suficientemente consistente antes de numerosos terremotos y, además, no aparecer continuamente cuando después no ocurre ninguno. Esa evidencia no existe actualmente.
Por eso, observar a las mascotas puede resultar fascinante, pero nunca debería reemplazar la información de los organismos sismológicos ni convertirse en motivo para generar alarma.
Si un perro comienza a ladrar inesperadamente o un gato se esconde debajo de la cama, no significa que un terremoto esté por ocurrir.
Y si segundos antes de un sismo una mascota parece detectar algo que nosotros todavía no sentimos, posiblemente no esté viendo el futuro: simplemente cuenta con sentidos capaces de percibir señales que a nosotros nos pasan inadvertidas.
La ciencia continúa investigando ese extraordinario mundo sensorial de los animales.
Por ahora, sin embargo, nuestras mascotas pueden ser excelentes compañeras durante una emergencia, pero todavía no podemos convertirlas en sismógrafos domésticos.
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