Cali, septiembre 12 de 2026. Actualizado: viernes, septiembre 11, 2026 19:14

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García Márquez, sus crónicas y metáforas sísmicas

Terremotos y desastres macondianos

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Especial Diario Occidente

Al volver la calma a Villa Macondo y toda la vereda Borrero Ayerbe, los vecinos se compartieron los padecimientos del minuto y medio que duró el terremoto.

Luciano confesó que “por voluntad del Creador, todavía no estaba planillado para abandonar este espacio sideral, que ese 10 de agosto de 2026, había alterado su costumbre de madrugador y observador del paisaje”.

No se había sentado en la misma silla, ni tomado un tinto en el sitio de siempre, donde probablemente hubiese recibido el primer cimbronazo e inmediatamente las seis arrobas de la culata de pared que se desprendió perpendicular desde el segundo piso.

Luciano narró que se acostó bastante cansado, en la madrugada del lunes, luego de trabajar en su computadora y quedó tan agotado que no le puso llave a la chapa del portón.

Ese día no despertó a las 6 am, sino a las 7:25 am y decidió “hacer pereza y seguir acostado”.

De repente sintió el cimbronazo y reaccionó despavorido a buscar la salida, hubiese sido fatal con llaves atascadas en la chapa.

La pared que se desprendió perpendicularmente hubiese reventado su frágil humanidad corporal.

Un vecino, hizo un chiste, como para disipar los temores post temblor. Le preguntó: ¿Qué le pasó a García Márquez?

Primer reportaje a la tragedia

Seguía vigente el primer reportaje que asumió García Márquez en El Espectador, cuando cubrió una tragedia ocurrida en Medellín.

Lo que ocurrió en Medellín en la noche del 12 de julio de 1954, desde el punto de vista periodístico es algo enteramente distinto de la tragedia: aquella fue la más formidable y atolondrada explosión de espíritu público, la fabulosa manifestación de solidaridad social. Las emisoras locales suspenden sus programas ordinarios para trasmitir la noticia en el instante en que los habitantes se sentaban a cenar. La Radio Nutibara instaló equipos en un automóvil, a las 7, y trasmitió boletines improvisados desde el lugar de la catástrofe mientras se adelantaban las labores de rescate. Minuto a minuto los habitantes de Medellín recibían versiones de la tragedia cada vez más confusas y alarmantes. Una compañía de veinticuatro bomberos inició, a las 9:15, las labores de salvamento, luchando no sólo contra los naturales inconvenientes, sino con la imprudente generosidad de la multitud, cada vez más numerosa y desorganizada, que trataba de intervenir en la azarosa tarea. Una cuadrilla de trabajadores removía la tierra, sin atender al peligro de nuevos deslizamientos originados por la violenta remoción”.

Desastres macondianos

El buen humor de su vecino animó a Luciano a asegurar que el espíritu de Gabriel García Márquez estaba presente en estos días aciagos, sobre todo sus crónicas periodísticas y sus ficciones literarias sobre desastres naturales.

Luciano explicó que Gabo, además de contextualizar históricamente sus textos, le daba importancia a los entornos geológicos y desastres meteorológicos, mediante voces metafóricas, otras veces, describiendo objetivamente los fenómenos.

Una relectura de sus crónicas, cuentos y novelas, que leíamos en el colegio sin percatarnos de su valor meteorológico, confirmará la vigencia de la pluma de García Márquez.

Releyendo “La catástrofe de Antioquia”, su primer reportaje en El Espectador; “Cien años de soledad” y el diluvio que duró cuatro años, once meses y dos días; y finalmente la destrucción del pueblo.

Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico”. (Cien años de soledad).

Gabo centró en Cartagena su historia de “El amor en los tiempos del cólera”.

La describió así:Esta ciudad, sin duda, estaba condenada a padecer las veleidades de la naturaleza: los terremotos que la cuartearon, los huracanes que desportillaron, sus techos y el mar de leva que arrastraba los desperdicios del matadero”.

Huracán bíblico

Gabriel García Márquez describió pandemias y desastres meteorológicos: la peste del olvido, los temblores de tierra, los fuertes calores, las inundaciones por diluvios y los huracanes destructores.

El Nobel en el segundo capítulo de Cien años de soledad, su obra cumbre, utiliza el término “temblor de tierra” a manera de metáfora que aproxima la sensación personal de la primera experiencia sexual de José Arcadio Buendía con Pilar Ternera, una mujer de mundo, mayor que él, que lee cartas y predice el destino en Macondo, con el significado meteorológico de los temblores de tierra, como el ocurrido en estos días en Colombia, que provocan miedo a la muerte y placer por seguir vivos.

Aureliano no sólo podía entonces entender, sino que podía vivir como cosa propia las experiencias de su hermano, porque en una ocasión en que éste explicaba con muchos pormenores el mecanismo del amor, lo interrumpió para preguntarle:”¿Qué se siente?”. José Arcadio le dio una respuesta inmediata: -Es como un temblor de tierra”.

El cataclismo de Damocles

Gabriel García Márquez, el 6 de agosto de 1986 en Ixtapa México, pronunció su discursoEl cataclismo de Damocles”, ante presidentes de varios países, advirtiendo sobre la hecatombe universal que provocarían las potencias armamentistas.

Un minuto después de la última explosión, más de la mitad de los seres humanos habrá muerto, el polvo y el humo de los continentes en llamas derrotarán a la luz solar, y las tinieblas absolutas volverán a reinar en el mundo. Un invierno de lluvias anaranjadas y huracanes helados invertirá el tiempo de los océanos y volteará el curso de los ríos, cuyos peces habrán muerto de sed en las aguas ardientes, y cuyos pájaros no encontrarán el cielo. Las nieves perpetuas cubrirán el desierto del Sáhara, la vasta Amazonia desaparecerá de la faz del planeta destruida por el granizo, y la era del rock y de los corazones trasplantados estaría de regreso a su infancia glacial. Los pocos seres humanos que sobrevivan el primer espanto, y los que hubieran tenido el privilegio de un refugio a las tres de la tarde del lunes aciago de la catástrofe magna, sólo habrán salvado la vida para morir después por el horror de sus recuerdos. La Creación habrá terminado. En el caos final de la humedad y las noches eternas, el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas”.

Epílogo de Gabo

Ni los diluvios, ni las pestes, ni las hambrunas, ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.

(La soledad de América Latina. Estocolmo 10 de diciembre de 1982. García Márquez. Discurso al recibir el Premio Nobel).


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