Cali, septiembre 14 de 2026. Actualizado: lunes, septiembre 14, 2026 20:57

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Hay eventos que cambian por completo nuestra perspectiva de la vida

Ritual de agradecimiento por la vida después de un momento difícil

Hay acontecimientos que duran apenas unos segundos, pero tienen la capacidad de cambiar durante mucho tiempo nuestra manera de mirar la vida.

Un terremoto, una emergencia o cualquier situación en la que sentimos que nuestra seguridad estuvo amenazada puede dejarnos miedo, pero también una profunda conciencia de aquello que normalmente damos por sentado: despertarnos, abrazar a nuestra familia, tener un lugar al cual regresar o simplemente comprobar que seguimos aquí.

Después de una experiencia así, algunas personas sienten la necesidad de hacer algo simbólico para cerrar emocionalmente el momento. Un ritual de agradecimiento puede servir precisamente para eso.

No pretende evitar futuros acontecimientos ni tiene que estar asociado a una religión determinada; puede entenderse simplemente como un espacio personal o familiar para detenerse, reconocer lo vivido y agradecer aquello que continúa presente.

Prepare un espacio tranquilo

Busque un lugar de la casa donde todos puedan sentarse cómodamente.

Puede realizarse durante la tarde o antes de dormir, cuando haya tranquilidad.

Si hacerlo en casa genera todavía inseguridad después de un sismo, elija otro espacio que resulte seguro y confortable.

Puede colocar en el centro una planta, flores, fotografías familiares o cualquier objeto que represente algo valioso para quienes participan.

Si desea utilizar una vela, hágalo únicamente cuando las condiciones sean seguras y nunca si existe sospecha de fuga de gas o daños en las instalaciones después de un terremoto. También puede utilizar una luz eléctrica pequeña.

El propósito no es construir un escenario perfecto, sino crear unos minutos diferentes dentro de la rutina.

Comience respirando juntos

Antes de hablar, permanezcan unos instantes en silencio. Inhalen lentamente y permitan que la exhalación sea un poco más prolongada.

Mientras respiran, pueden recordar mentalmente una frase sencilla: “Estoy aquí, estamos juntos, este momento está pasando”.

Después, cada integrante puede mencionar algo por lo que se siente agradecido. No tiene que ser extraordinario.

Puede ser estar vivo, saber que la familia se encuentra bien, haber recibido una llamada de alguien querido, contar con vecinos solidarios o simplemente tener la posibilidad de volver a sentarse juntos.

Cuando participan niños, permita que respondan libremente.

Quizá agradezcan por su mascota, por su habitación o porque pudieron abrazar a sus padres. No existe una respuesta correcta.

También hay que hablar del miedo

Agradecer no significa negar lo difícil que ocurrió.

Después de que cada persona haya expresado aquello que valora, pueden completar otra frase: “Lo que más miedo me dio fue…”.

Este momento puede resultar especialmente importante porque permite descubrir emociones que no siempre aparecen durante una conversación cotidiana.

La regla debería ser sencilla: nadie interrumpe, nadie se burla y nadie responde diciendo que el otro exagera.

Cuando todos hayan hablado, puede hacerse una tercera pregunta: “¿Qué necesito para volver a sentirme seguro?”.

Tal vez alguien necesite conocer mejor el plan de emergencia, dormir acompañado durante una noche, llamar a un familiar o simplemente recibir un abrazo.

Escriba aquello que quiere conservar

Cada persona puede tomar un pequeño papel y escribir tres cosas que no quiere volver a dar por sentadas.

Una conversación con los padres, jugar con los hijos, visitar a los abuelos, cuidar la salud, llamar más frecuentemente a un hermano o dedicar tiempo a aquello que realmente disfruta.

Guarden esos papeles en un sobre o una caja y acuerden volver a leerlos dentro de algunos meses. El verdadero sentido del ejercicio aparece después: convertir el agradecimiento en acciones.

Termine con un abrazo

Para cerrar, pueden tomarse de las manos o darse un abrazo y permanecer unos segundos en silencio.

Quienes tengan una práctica religiosa pueden acompañar ese momento con una oración; quienes no la tengan pueden simplemente expresar un deseo compartido de bienestar.

Sobrevivir a un momento difícil puede recordarnos algo que la rutina suele esconder: muchas de las cosas que consideramos normales son precisamente las más valiosas.

Un ritual no puede cambiar lo ocurrido ni controlar lo que sucederá mañana, pero sí puede ayudarnos a decidir qué queremos hacer con el tiempo que tenemos hoy.

Quizá esa sea la forma más sencilla de agradecer por la vida: no solamente decir gracias por seguir aquí, sino empezar a vivir de una manera que demuestre cuánto significa estarlo.


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