Cali, octubre 15 de 2026. Actualizado: miércoles, octubre 14, 2026 21:00
No es necesario viajar ni llenar todos los días de planes costosos.
Cocinar juntos, explorar la ciudad, recuperar juegos tradicionales, tener una tarde sin pantallas o simplemente permitirles aburrirse también puede convertir el receso escolar en un tiempo valioso para la familia.
Cuando llega la semana de receso, muchos padres sienten que aparece una nueva tarea: ¿qué hacemos con los niños durante tantos días? Si no hay viaje programado, surge incluso la sensación de que es necesario inventar actividades permanentes para evitar que terminen toda la semana frente al celular, la tableta, el computador o el televisor.
Sin embargo, el receso tiene precisamente una función que a veces olvidamos: romper la rutina.
Los niños también necesitan descansar de los horarios, las tareas, los uniformes, las evaluaciones y las actividades programadas.
Por eso, una buena semana no necesariamente es aquella que tiene planes desde las ocho de la mañana hasta la noche.
Una alternativa es construir en familia una pequeña agenda y permitir que los niños participen.
Cada integrante puede proponer una actividad y establecer algunos momentos especiales, dejando también espacios completamente libres.
No todos los planes requieren salir. Una noche de campamento en la sala puede resultar memorable: colchones en el piso, linternas, cobijas, crispetas y una película elegida entre todos.
También pueden organizar un restaurante familiar en el que los niños diseñen el menú, ayuden a cocinar, pongan la mesa y hasta inventen el nombre del establecimiento.
Otra posibilidad es recuperar los juegos que disfrutaban los padres y abuelos: escondite, stop, parqués, dominó, cartas, rompecabezas o competencias sencillas.
Además de entretener, permiten contar historias familiares y mostrarles a los niños que hubo diversión mucho antes de TikTok y los videojuegos.
La semana de receso también puede convertirse en unas pequeñas vacaciones sin salir de la ciudad.
Visitar un museo, una biblioteca, un parque, un zoológico, un jardín botánico o simplemente conocer un barrio diferente puede convertirse en una aventura si el recorrido se plantea como una exploración.
Prohibirlas durante toda la semana probablemente convertirá el celular en algo todavía más deseado.
Una alternativa es establecer momentos específicos para videojuegos, televisión o redes y procurar que no ocupen automáticamente cada espacio libre.
Incluso la tecnología puede utilizarse creativamente: grabar una película familiar, realizar fotografías, producir un pequeño podcast, aprender una receta o editar un video de las vacaciones.
La semana de receso no necesita parecerse a un campamento recreativo ni convertirse en una competencia por ofrecerles a los hijos las vacaciones perfectas.
A veces, años después, aquello que recuerdan no es el viaje más costoso ni la actividad más sofisticada, sino aquella tarde en que hicieron una carpa en la sala, cocinaron con sus padres, salieron a comer un helado o tuvieron, sencillamente, tiempo para estar juntos.
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