Senadores que renunciaron a su partido, entre el limbo y la doble militancia

Por Mauricio Ríos Giraldo

Los congresistas que renunciaron a sus partidos y aquellos que están tentados a hacer lo mismo, podrían verse en líos por doble militancia si deciden postularse a cargos de elección popular en 2022 y no renuncian también a sus curules en los próximos días.

La renuncia de los senadores Roy Barreras y Armando Benedetti al Partido de la U abrió un debate legal sobre el tema, pues se apartaron de la colectividad, pero continuaron en sus curules, lo que los dejó en una especie de limbo jurídico-político.

Barreras y Benedetti no están en doble militancia, pero, si se inscriben como candidatos al Senado o a la Presidencia de la República para las elecciones de 2022, automáticamente caerían en ella, pues violarían lo establecido en la Ley 1475 de 2011, que en su Artículo 2 dice:

“Los candidatos que resulten electos, siempre que fueren inscritos por un partido o movimiento político, deberán pertenecer al que los inscribió mientras ostenten la investidura o cargo, y si deciden presentarse a la siguiente elección por un partido o movimiento político distinto, deberán renunciar a la curul al menos doce (12) meses antes del primer día de inscripciones”.

Según lo anterior, para ser candidatos en las elecciones de 2022 por otro partido o por firmas, los senadores en cuestión deben renunciar a sus curules en noviembre próximo, si van a aspirar al Senado, o en mayo de 2021, si van a aspirar a la Presidencia de la República.

En la misma situación estaría el senador Jorge Enrique Robledo, quien renunció al Polo Democrático Alternativo, pero sigue en su curul, y planea ser candidato presidencial por fuera de esta colectividad.

Senadores de otros partidos se han mostrado tentados a seguir el camino de Barreras, Benedetti y Robledo, son ellos Rodrigo Lara, de Cambio Radical, y Andrés Cristo, Guillermo García y Luis Fernando Velasco, del Partido Liberal.

Lo único que salvaría a los senadores disidentes de tener que renunciar a sus curules para no caer en doble militancia sería que sus colectividades autorizaran la escisión, lo cual parece no se dará, pues sus partidos no se las pondrán fácil.

La gran pregunta es si estos senadores están dispuestos a quedarse más de un año sin curul, con todo lo que ello implica: sin salarios, sin el personal de sus unidades de trabajo legislativo y sin la visibilidad que les da estar en el Congreso.

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