El voto, con precio a la baja por el covid

Por Mauricio Ríos Giraldo

Los efectos de la pandemia del covid-19, aún incalculables -pues la tormenta no ha pasado- se sentirán también en la política…

Ayer Graffiti habló de las dificultades que tendrán los candidatos para hacer campaña por cuenta de las medidas preventivas frente al virus, pero en el final de la campaña, cuando llegue la hora de votar -en el 2022- ya estaremos en la pospandemia, y las condiciones socioeconómicas en las que quedará el país pueden tener nefastos efectos en la democracia.

Para nadie es un secreto que en las elecciones legislativas preponderan las maquinarias, y que muchas de estas operan a través de la transacción: unos candidatos compran votos directamente en efectivo, otros los cambian por bultos de cemento, ventiladores -esto muy usado en la costa Caribe-, mercados, etc… Y otros los cambian por puestos, que son los premios mayores que reciben aquellos líderes que reunen grandes cantidades de votos y los cambian por nombramientos o contratos para ellos o sus familiares o amigos.

Sin justificar a quienes transan sus decisiones electorales -porque es algo injustificable-, pero analizando el tema desde la lógica perversa de quienes compran y venden votos, el nivel de pobreza y de necesidades en el que quedarán vastos sectores -no solo de estratos bajos sino también de clase media- creará un ambiente propicio para que los politiqueros que compran electores hagan su agosto, será algo así como un día sin IVA para corruptos.

El precio del voto bajará, y ante la quiebra de tantas empresas y negocios de todos los tamaños, habrá familias enteras dispuestas a votar por el que sea a cambio de un puesto o un contrato que les garantice ingresos. Una oportunidad para los politiqueros y una tragedia para el país.

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