septiembre 11, 2018

PIO XII 87

Rodrigo Fernández Chois

Así se llama el grupo de Whatsapp de algunos bachilleres del entonces plantel masculino. La revolución creada por las redes sociales es evidente y estudiando este grupo derivo conclusiones de lo que es hoy nuestra comunicación sin importar distancias.

En primer lugar, estar vinculado al grupo virtual escolar es recordar lo que era el indómito salón, con la diferencia de que el bulling -que era entonces agobiante- hoy es placentero.

Con la edad transitamos del sadismo al masoquismo… Primera conclusión.

Vienen entonces sus integrantes y sus No integrantes. Los últimos son los que aún sobrellevan traumas de tanto bulling, inocentes que por más que los unan una y otra vez al grupo se autoeliminan… no están dispuestos a sufrir.

Los integrantes son otro cuento: los hay de todo pelambre. De púberes éramos iguales, al fin y al cabo, no habíamos roto cascarón, pero ahora fulguran los que les gustan las plumas, los depravados, los doctos, los irredentos adiposos y los idealistas, en fin…una gama de seres que enriquecen el debate… aunque “debate” propiamente no concurre, más bien un 99% de contenido corrompido que es preciado por todos. Segunda conclusión: cero intelectualidades.

Finalmente, lo furtivo. Pertenecer a una tribu secreta siempre ha sido deseo del Hommo Sapiens. Se es o no se es… aunque no exista mucha diferencia. Sin embargo, es un goce secreto conectarse “al grupo” -perdiendo de paso invaluables minutos de vida- para examinar la copiosa información disoluta que producen sus miembros.

Uno de ellos, pobre infeliz, fue descubierto “in fraganti” por su mujer cosa que le valió una tunda. Sea como fuere… ¡Bienvenidos a la era de los grupos!