Gustavo Álvarez Gardeazábal

La crónica de Gardeazábal

Los perros de La Palma

Gustavo Álvarez Gardeazábal

La dramática imagen de los dos perros de la isla de La Palma que no pudieron ser evacuados de la casa finca rodeada por los cuatro costados por la lava hirviente que vomita el volcán de Cumbre Vieja, y que son auxiliados diariamente con un dron que les lleva agua y comida, muestran hasta dónde se ha llegado, por primera vez, en la tecnificación y evaluación del manejo de la vulcanología y de circunstancias como las que dolorosamente viven los canarios desde hace un mes.

Es sobresaliente el hecho de que con días de anticipación , y por el estudio de los sismos registrados y de la orientación que los aparatos daban sobre los enjambres sísmicos se permitió advertir con tiempo sobre lo que podría registrarse y con gran precisión señalar las áreas hasta donde expandiría la colada magmática.

No se queda atrás el uso de las cámaras en drones y en puestos fijos y en satelitales. Y ni qué decir de la información diaria y detallada de las autoridades de las Islas Canarias y en especial de la isla de La Palma, diciendo siempre la verdad y sin competir los unos con los otros, respaldándose con videos espectaculares y terribles y estadísticas exactas que no dejan paso al populismo.

Por supuesto, es la tenacidad conque los habitantes de esas islas han armado con igual alegría en el pasado un tenderete musical o una reconquista de los terrenos invadidos de lava fría, para volverlos a sembrar de plátanos o verduras lo que les hace repetir la historia y construir y sembrar de nuevo en las fajas que vomita el volcán o en los valles donde, por una y otra vez, siglo tras siglos, el furioso soplete incandescente las deposita .Terquedad las llamaría una historia menos complaciente, pero el resultado es el mismo.

En 1949 el volcán vecino de Tenería les dio una dosis menor que la de ahora y ya están pensando en como levantarse de nuevo igual a lo que hicieron unos años después. Entonces no había ni fotografías ni videos térmicos, ni sismógrafos digitales ,ni científicos tan sapientes ni periodistas tan mesurados explicándonos lo que sucede.

Ojalá en Colombia, donde el Ruiz les dio sopa y seco a un gobierno impávido que trató de amortajar el recuerdo de los 40 mil muertos , aprendan de esta experiencia española y los sabios vulcanólogos del Servicio Geológico Colombiano consigan que algún rico gringo, como al que le regalaron la cédula la semana pasada, les done los aparatos que les hacen falta para seguir vigilando bien e interpretando mejor los volcanes y sus avalanchas y no se repitan las estupideces.

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