Una ciudad sin futuro

Umberto Valverde

En mi infancia conocí el miedo. Durante la dictadura de Rojas Pinilla, en el último mes, el ejército amenaza las calles haciendo requisas, buscando líderes políticos y sindicales, y haciendo disparos abiertamente. Mi padre, Octavio, era líder de Fedetav, una federación obrera, y por la noche dormía en el patio para estar listo a saltar a las otras casas. Nosotros dormíamos en la habitación más lejana a la puerta, para prevenir si había disparos en la calle. Fueron días y noches de temor hasta que cayó Rojas Pinilla.

Muchas décadas después conocimos la sensación de peligro. Era el enfrentamiento de dos carteles, Medellín y Cali, el primero declaró la guerra y la normalidad se llenó de bombas, atentados a droguerías y sitios públicos. No sabíamos por donde caminar. El estallido podía ocurrir en cualquier lugar o esquina. Hasta que mataron a Pablo Escobar.

Ahora nos cayó el Covid y la ruina económica, a esto se sumó la presencia masiva de venezolanos, lamentablemente en la miseria, con la única opción de ser delincuentes. La ciudad, el país, el mundo, vive una época de guerra. Esto produce la delincuencia abierta y después un estallido social.

Hace tres días, haciendo fila para reclamar medicamentos en Cafam de la tercera norte con calle 40, estuve a 50 centímetros de un atraco. Pude ser yo. Fue una señora, con un muchacho alto, que la abrazó, pensaba que era su hijo, después ví que una señora que se encontraba de primera en la fila le pegaba a la puerta de Cafam para que abrieran la puerta. No lo hicieron, reaccioné corriendo hacia adelante por el andén, mirando al cómplice, a quien descubrí cerca de un árbol, subido en la moto, corrí en la medida de lo que puedo hoy en día a mis años. Fui a un almacén cercano y no me abrieron. Estamos a expensas. Sálvese quien pueda.

Cali tiene dos cárteles, el de Jamundí y el Cartel del Pacífico. Una economía informal enorme, desempleo, hay un sector donde no entra la policía, ahí está el dominio del Cartel del Pacífico, todos saben cómo funciona eso, hacen rumbas de dos días. No son carteles tan distinguidos como el que existió, quizás pueden ser más millonarios, con líderes anónimos, secuaces que tienen apodos, muere uno y sigue otro. El de Jamundí tiene presencia mexicana. Tanto los medios como los gobernantes se hacen los locos. Claro, da miedo.

Algunos me dicen, esto ocurre en todo Colombia, quizás el mundo. Tanto como en Cali, con dos carteles no creo, solo en ciertas ciudades de México, con una situación muy similar. Nos tocó vivir la peor, salir a la calle es un desafío, no es algo común, uno debe pensar, que hago, volveré vivo. Bueno, es mejor no llevar papeles, hay que sacar copias. Pero el celular. Es necesario, pero es el objeto atractivo para uno morir. Morir por un celular.

2020, estamos en lo peor. Con un virus que nos atemoriza, con una inseguridad que nos paraliza. Sin seguridad, nada donde agarrarse. Nos quedan los amigos para contarles “ayer viví un atraco”. Que suerte, estoy vivo.

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