Un amor eterno

Fue mi primer amor platónico y busqué refugio en su corazón. Por su calma muy particular era comparable con lo celestial.

Lucía siempre bella y unas manos generosas. Mis sentimientos se volvieron más intensos al conocerle su pasado repleto de romanticismo. Quien la visitara pretendía ser aceptado por ella en su casa para siempre. Todos quedaban de ella locamente enamorados. Cuentan que ningún poeta se abstuvo de escribirle los mejores versos. Ella me ofreció su corazón, me aceptó en su casa y se me entregó entera. Claro que no fue al único, pero la preferí a ella a pesar de una vecina suya, más dulce y de una estirpe señorial. Me sedujo por su parecido a las flores, curvas con musgos húmedos y su gran gusto por la salsa.

Como la felicidad sólo llega hasta donde la dicha alcanza, confieso que después de varias décadas mis sentimientos por ella se enturbiaron un poco, desde que descuidó su belleza y se volvió agresiva, que hasta no puedo ocultar el miedo estando en su regazo. Pero no dejaré de amarla, pues no seré ingrato con quien me dio lo mejor y me ayudó a ser gente distinguida. Ella me enseñó el buen vivir y a disfrutarle plenamente. Ahora es agresiva e ingrata con todos sus amantes y también conmigo, porque hubo quienes llegaron a ella sólo para violentarla y saquear su casa. A pesar de todo la sigo amando con más fuerza, porque mi Cali Bella siempre será mi gran amor eterno, aunque su vecina sea la Palmira Señorial. Confío que Dios le dé muchos años más y le devuelva esa sonrisa amable con que me robó el corazón.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar