Todo por un Nobel

Hugo E. Gamboa Cabrera

El exministro de salud anterior, Alejandro Gaviria, hoy rector de la Universidad de Los Andes, avaló la tesis de su jefe Santos, al concluir que el glifosato era cancerígeno, con el perverso propósito de suspender la fumigación contra la coca y lograr así la resbalosa firma de la dirigencia de las farc, que le generó un premio Nobel y el reconocimiento pleno de toda la dirigencia izquierdista de la ONU, la OEA y cuánto organismo internacional europeo de igual tendencia política, que tienen a Juampa como el mejor paradigma mundial de la paz sin importarles para nada el deterioro social y económico de Colombia que este señor, a punta de exagerada mermelada y de mentiras disfrazadas con ojos azules, le causaba a la patria y dejó como herencia a su sucesor, quién hoy salta matojos para poner al país a sobreaguar.

Lo cierto es que el glifosato se utiliza en cosechas como la del café, el tomate y diversos productos del pan comer diario de los colombianos, y que se sepa, no ha causado pandemias de salud como para que a Colombia le afecten catástrofes dolorosas.


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Tal parece, entonces, que lo que se necesitaba era una firma, sin importar ni el cómo ni el qué, y mucho menos las consecuencias. Y no solo eso, porque también se suspendieron bombardeos para disidencias, se blindó el acuerdo de paz por 14 años, hasta el punto que Duque no puede convocar ni conmoción interior ni asamblea constituyente, porque así lo decidieron Santos y sus amigos, entre otros, Sergio Jaramillo, quién se fue a vivir a Europa.

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