Todas las vidas importan

Natalia Bedoya

Cinco menores hallados muertos en un cañaduzal cercano al barrio Llano Verde en Cali, con una población en su mayoría reubicada del jarillón por riesgos de inundaciones del río Cauca, una población vulnerable, olvidada por el Estado y con muchas necesidades.

Hoy Llano verde enluta a nuestra ciudad, la vida de cinco inocentes es arrebatada por una violencia que parece no tener fin. La seguridad de Cali preocupa, la masacre no es el único hecho violento ocurrido en el transcurso de este año; en el primer semestre, según cifras de la Policía Nacional, los homicidios ascienden a más de 580 en la ciudad, a pesar de un confinamiento de más de cuatro meses.

En Llano Verde hay microtráfico, guerra de pandillas, fronteras invisibles, los jóvenes crecen en medio de una violencia que no deberían soportar. Llano Verde no necesita que vayamos a llorar a sus calles, necesita que trabajemos en políticas públicas de cohesión social que logren al menos arrebatarle a la violencia todos los niños y jóvenes. Llano verde necesita atención en educación, salud, vivienda, convivencia ciudadana. Más políticas sociales y menos lágrimas momentáneas.

Duele también la masacre de Samaniego, Nariño, donde ocho jóvenes fueron asesinados.

Reitero los jóvenes son el futuro de nuestra ciudad, no permitamos que nos sigan arrebatando nuestro futuro. Como colombiana, pensar en un retroceso en la seguridad me asusta, hoy más que nunca necesitamos mano firme contra la violencia.

Las masacres en Cali y Samaniego deben aclararse, encontrar a sus responsables y sobre ellos recaer todo el peso de la ley. Insisto más políticas sociales y menos lágrimas momentáneas.

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