Armar no es el camino

Sin vías no hay agricultura

Mario Germán Fernández De Soto

Más allá de sí son quinientas mil o tres millones de hectáreas las que compre el gobierno nacional para los campesinos, es necesario abordar tres aspectos que me parecen fundamentales para generar una política agrícola integral, comenzando por las vías rurales en el país, la asistencia técnica al campesino y la comercialización de productos.

No se trata tan sólo de entregar una parcela para la producción agrícola o pecuaria, sino también de garantizar la productividad en el campo.

Hay que volver a tener una entidad pública o una alianza con privados especialistas en el mantenimiento de las llamadas “vías terciarias”, como la Federación Nacional de Cafeteros, que esté dedicada a la conservación de los caminos necesarios para ingresar hasta los centros productivos los insumos requeridos para la generación de programas agropecuarios y, al mismo tiempo, contar con óptimas carreteras para llevar los productos hasta los puntos de comercialización y de consumo.

De la misma manera, se necesita del acompañamiento del Sena y de las Umatas para capacitar a los agricultores y productores pecuarios en los nuevos modelos de producción, a fin de garantizar los mejores resultados, lo que unido a una adecuada distribución y comercialización de bienes y servicios conformarán una triada que permitirá que vuelva a germinar el campo colombiano.

Creo que es básico que, al momento de implementar una reforma agraria integral, se avance sobre el mejoramiento de las carreteras en las zonas rurales que generalmente son las más apartadas y sobre las cuales hoy deben responder los municipios, que argumentan carecer de los recursos suficientes para acometer la construcción y el mantenimiento pertinente para garantizar la producción, la distribución y la comercialización de todo lo que se produce en el campo.

Este es un debate que debe darse de cara a la ciudadanía, en momentos difíciles para los propietarios de predios rurales, actualmente improductivos o no y quienes están siendo víctimas de invasión a la propiedad privada, hechos ilegales que no pueden convertirse en una excusa de los desposeídos para promover este tipo de prácticas al margen del estado social de derecho.

Quienes viven en el campo merecen la oportunidad de contar con mejores vías, una buena educación y salud para sus familias y también de condiciones de asistencia técnica para mejorar su productividad y comercialización de bienes y servicios.

Colombia tiene que pasar la página de la desigualdad social entregando tierra a quienes de manera legal estén dispuestos a volverla productiva, adquiriendo las competencias básicas indispensables para la regeneración del campo y teniendo siempre presente que sin vías no hay agricultura.

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