Repatriemos con historia

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

En nuestra ciudad, los nombres de barrios, avenidas, colegios y parques tienen connotaciones epistemológicas cargadas de historia. Eso evidencia que en otrora tuvimos comunidades fundadoras educadas con buenos conocimientos de historia y líderes políticos todavía con identidad nacionalista.

A los maestros de entonces el motivar sus clases sobre la independencia les quedaba fácil porque bastaba con echar mano de esos nombres de lugares, que los niños preguntones cotidianamente leían y escuchaban en los buses como destinos de rutas: Veinte de Julio, La Independencia, Siete de Agosto, Simón Bolívar, Antonio Nariño, Ciudad Córdoba, avenida Tres de Julio, parque Santander, Escuela Los Vencedores, Escuela Camilo Torres, Colegio Santa Librada, entre otros. Además, la gran razón de peso estaba en el orgullo que los maestros sembraban en los niños al contarles que Cali fue la ciudad precursora de la independencia.

La primera que en 1810, diecisiete días antes que lo hiciera Santafé de Bogotá, declaró su deseo de independencia y porque años después aquí se gestaron las primeras batallas contra la reconquista española. A Cali le asiste mérito para que emprenda en el bicentenario un movimiento para el renacimiento de la historia. 

Además, tuvimos connotados historiadores que sembraron la semilla para esa misión: Germán Colmenares, Jorge Orlando Melo, Edgar Vásquez, Margarita Pacheco, Miguel Camacho, Augusto Díaz, Francisco Zuluaga, Alonso Valencia Llano, Eduardo Pastrana Rodríguez. Por disposición oficial la historia estuvo desterrada de los currículos. Esa ausencia produjo jóvenes que no entienden el presente porque desconocen el pasado de su patria. La misión de repatriarlos está en manos de los maestros.     

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