Mediocridad

Hugo E. Gamboa Cabrera

Los colombianos nos quejamos permanentemente de ser un país desigual, lo cual es—innegablemente—cierto, situación que padecen todos los países de nuestro continente. Ya sabemos que ello se debe a la politiquería de quienes logran elegirse no para luchar por el bienestar de la ciudadanía sino para obtener riqueza a costa del Tesoro Público.

Conozco casos de algunos que andaban con una mano atrás y otra adelante, viviendo en estratos dos. Hoy te miran por encima del hombro, se movilizan en vehículos blindados facilitados por el gobierno nacional, con escoltas incluidos y, viven en estrato alto, con vivienda propia. Podría decirse que eso está bien, significa progreso, pero, no en las condiciones en que gran parte del pueblo se mueve, difíciles y dolorosas. Y no solo sucede con gente de la derecha, también en la izquierda y con aquellos que se esconden en un “centro” mentiroso, donde pelechan burgueses con ropajes humildes para descrestar mentes y conciencias.

La causa es la mediocridad en que nos movemos todos. Pensamos ágilmente, pero somos lentos en el actuar. Muchos practican la “política de estómago”, mal de muchos y consuelo de tontos, lo que es aprovechado, precisamente, por quienes utilizan la política como banco propio. Somos tan mediocres hasta en el fútbol, donde el campeón no es el que llega de primero, sino el que logra incrustarse en los ocho primeros; y los dos que descienden no son los dos últimos, sino los que tienen el promedio más bajo.

¿Entienden cómo es la cosa? Es el mundo de los vivos, del negocio. Si uno no está dentro, chao.

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