Espacios libres de drogas

Natalia Bedoya

Una Corte Constitucional irresponsable, que más que proteccionista se volvió permisiva, que con la excusa de la protección del derecho al libre desarrollo de la personalidad, permite el consumo de sustancias psicoactivas en espacios públicos, mientras las cifras revelan un aumento sistemático no solo de las personas que la consumen, sino un mercado de sustancias cada vez más complejo, que tienen hoy a nuestro país en jaque en su lucha contra los cultivos ilícitos.

La otra cara de la moneda, los niños, quienes tienen protección constitucional superior, donde sus derechos priman sobre los demás, pero que, para los magistrados de la Corte, parecieron ser poco relevantes a la hora de favorecer al drogadicto, que debería estar en un centro de rehabilitación y no en un parque consumiendo droga, al narcotraficante y comercializador del microtráfico, que deberían estar tras las rejas y no vendiendo droga.

Según las investigaciones del Observatorio de Drogas de Colombia (ODC), el 11,7% de lo población estudiantil ha consumido marihuana alguna vez y su consumo ha aumentado más de 156,4% en los últimos años. Es una realidad que la droga se apodera de los niños y jóvenes mayores de 13 años, y que la decisión de la Corte pone en riesgo y convierte en vulnerables a los menores de 13 años que hoy no consumen drogas.

En cualquier ponderación, los derechos de los niños que asisten a los parques públicos a gozar de su derecho a la recreación, prevalecen sobre el derecho del drogadicto a consumir, pero para la Corte el derecho al libre desarrollo parece convertirse en el arma letal para vulnerar el interés general.

Un mandato popular, se convierte en alternativa para combatir las decisiones de la rama judicial, que cada vez parecen más tiránicas y en contra del sentir popular. En nuestras manos está encontrar una solución.

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