Enemigo invisible

Alberto Ramos Garbiras

Si la causa es la transmisión por zoonosis, por inoculación virológica o una guerra bacteriológica preconcebida para afectar economías de otros países, cualquiera de ellas se determinará el escenario real y asistiremos al esclarecimiento de la verdad. Pero, por ahora, el virus está suelto y debemos cuidarnos para no reproducirlo.

Pero queda claro que el papel de las ciudades por la aglutinación debe replantearse. Millones de personas que no pueden salir por el confinamiento obligatorio; miles que ven insuficientes los sistemas de sanidad. Debemos replantear nuestra relación con la naturaleza, con los ecosistemas y con la fauna sometida a extinción alimentaria inclusive rompiendo la cadena trófica normal, por consumos alimenticios inapropiados.

El Covid-19 ya no es una enfermedad que ataca a varias personas en China, Italia y España, ni una epidemia solo manejable nacionalmente, es una pandemia que debe enfrentarse. Es como una peste compuesta por un ejército invisible (le ganó al terrorismo internacional); el terrorismo después del 11 de septiembre se ha comportado como un ejército disperso e invisible dentro de la guerra asimétrica, para llegar a esa etapa evolucionó desde la década de los años 50. El coronavirus en menos de tres meses se esparció como ejército invisible en una guerra sanitaria planteada por los Estados tratando de atajar a las personas en las fronteras.

Varios países están tratando de manejar esta pandemia con estados de excepción, es decir, gobernar por decreto, suspender o reemplazar a los congresos para expedir normas que enfrenten de inmediato los asuntos que se vayan presentando. El derecho como arma sanitaria y de combate a los daños de la salud: La salubridad pública.

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