El lado oculto de la legalización

Christian Garcés Aljure

Varias lecciones quedaron tras hundirse el proyecto que pretendía legalizar el cannabis recreativo, las más importantes corresponden a los inconvenientes que este tipo de iniciativas le pueden representar a la lucha antidrogas y a la protección de los niños, niñas y adolescentes frente al consumo de este alucinógeno.

Argumentar que la iniciativa estaba enfocada en el consumo adulto no suprime los peligros que este tipo de decisiones acarrean para los menores de edad en un país como Colombia, donde uno de cada diez niños dice haber probado la marihuana, y cuyo consumo infantil es uno los que más ha aumentado respecto a otras sustancias en los últimos años, según el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en población escolar.

Por otra parte, el proyecto tomó como referentes los casos de Holanda y Uruguay para presentarlos como ejemplo de progresismo parlamentario, sin dar a conocer que en ambos países la legalización de la marihuana recreativa no logró con el cometido de quitarle el negocio a las bandas criminales, ni tampoco derivó en una reducción de los índices de consumo ni de la criminalidad ligada a drogas.

Por el contrario, tras legalizar la producción y el uso del cannabis en 2013, el Gobierno Uruguayo evidenció un aumento en la cantidad de personas que consumieron marihuana al menos una vez en ese país, pasando de 9.3% en 2014 a 14.6% en 2018, a lo cual se suma un crecimiento sostenido del consumo juvenil en los últimos años y que el mercado ilegal sigue atendiendo la mayor parte de los consumidores nacionales, mientras el Estado sólo domina un 25% de la oferta.

Igualmente, Holanda también devela los problemas de la legalización; un país pionero en la despenalización de la marihuana que, según un informe entregado en 2016 por la Policía de la Unión Europea (Europol) y el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías, se convirtió en el principal núcleo del tráfico de estupefacientes en el antiguo continente.

Asimismo, otro estudio de Finn y Salmore sobre Colorado (USA) advierte que entre 2014 (año en que ese Estado legalizó el cannabis recreativo) y 2015, los hospitales estatales reportaron pérdidas económicas por $20 millones de dólares, debido al incremento de pacientes ingresados por consumo de marihuana que carecían de recursos para pagar la atención médica.

Los efectos negativos registrados en las experiencias internacionales también deben tenerse en cuenta para el debate sobre la legalización de la marihuana en Colombia, de nada sirve usarlas como referentes si nos quedamos en impresiones parciales que sólo muestran la cara “positiva” de la despenalización.

La libertad de consumo no puede traducirse automáticamente en permitir más acceso a sustancias adictivas, por eso varios sectores políticos dimos a conocer oportunamente que seguir los pasos de Holanda y Uruguay no sólo le significaría a Colombia abandonar los compromisos internacionales adquiridos en la lucha mundial contra las drogas, sino también en abrirle mercado a los ‘jíbaros’ en vez de ponerle trabas a su negocio ilegal.

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