El desastre del MIO

Rosa María Agudelo

No me cabe la menor duda de que los ataques sistemáticos al MIO son parte de una estrategia delincuencial para debilitarlo. Son varios los actores a los que les conviene que el sistema no funcione: a los colectivos, que revivieron súbitamente durante el paro, a los mototaxis y al sistema pirata. Incluso, a los mismos operadores.

Llevamos años oyendo que tienen deudas hasta el cuello, que no han podido pagar los buses y que la banca no les suelta un peso. Tal vez les va mejor cobrando los seguros. Esta semana un usuario me contó que ese día no había podido usar el MIO porque en el paradero del alimentador había dos “malandros” con piedras esperando a que el bus pasara, al acercarse le gritaron al chofer que ya sabía que le ocurriría si paraba. Esa persona caminó un buen trecho hasta llegar a la ruta de un colectivo, por cierto, me dijo que además ya le daba miedo subirse al MIO.

Los ataques están debilitando la infraestructura y amedrentando a los pocos usuarios que le quedan al sistema. Lo triste de la situación es que las autoridades no parecen estar haciendo nada para frenar la situación, a pesar de que el secretario de seguridad de Cali se ha referido al tema. Qué triste panorama el de Cali.

Las ciudades sin buenos sistemas de transporte son caóticas y desordenadas. Es uno de los síntomas de tercermundismo. En los ciudadanos un mal transporte aumenta el estrés, la intolerancia y el pesimismo. Cali parece estar olvidando que el transporte es un servicio público esencial. El MIO lo están lapidando en la presencia indolente de todos.

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