Se cumple un mes desde que Gustavo Petro asumió la presidencia del país, un mandato que inició con un acto de posesión marcado por los simbolismos que buscaron congraciarse con esa Colombia olvidada, periférica y profunda que compone un segmento muy importante de sus electores.
Sin embargo, y a pesar que se preveía un ejercicio de gobierno difícil, especialmente por las reformas que busca plantear Gustavo Petro, estos primeros días han sido más turbulentos de lo esperado.
El problema es que gran parte de esta “primera turbulencia” se ha derivado por acciones y desencuentros de los propios actores que respaldan o hacen parte del gobierno, muchos de los cuales habían sido fácilmente mitigables si existiera un direccionamiento claro y sólido desde la Presidencia, el Ministerio del Interior y de la oficina de comunicaciones.
Claro, hay comportamientos individuales como el del senador Flórez que se escapan a cualquier control o lineamiento administrativo, ya que es un factor básico de convivencia de alguien que en primera instancia parece no estar preparado para el reto histórico de contar en el país por primera vez con un gobierno de corte “progresista”.
No obstante, sí hay otros que se han podido mitigar de manera proactiva y preventiva.
Uno de ellos tiene que ver con la Ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, quien ha estado en el “ojo del huracán” por dos semanas consecutivas a raíz de sus salidas en falso y declaraciones poco ortodoxas en un país que, de acuerdo a las elecciones, espera cambios, pero los cuales más allá de la teoría académica, llevándolos a la práctica se debe ser cauteloso con los mensajes que se entregan cuando se está bajo el reflector mediático.
A la ministra Vélez le hace falta un llamado desde la Casa de Nariño para hacerle ver que ya no está en un aula de clases, sino que está al frente de una cartera que por las propuestas de Petro en su plan de gobierno, va a estar como nunca expuesta a la “lupa” de los medios de comunicación, situación que exige prudencia y tacto constante.
De igual forma ha sucedido, extrañamente dado su bagaje y experiencia, con Alfonso Prada, quien con sus declaraciones dadas a la “ligera” y dejándose llevar por el entusiasmo del auditorio que lo escuchaba, dio “papaya” para que la oposición, que por cierto sabe hacer muy bien eco de todas estas situaciones, tomara su famoso “el que lo entendió, lo entendió” para enlazarlo con el paro que puso en jaque al país en el 2021.
Gustavo Petro y sus escuderos no deben olvidar que este ha sido un país temeroso a los cambios, incluso, es un país que impulsado por la desinformación y la mentira se atrevió a decirle “no” a la paz, un factor no menor que permite medir el “aceite” de la sociedad colombiana.
De igual forma, tampoco deben subestimar las capacidades de los medios de comunicación, teniendo en cuenta que entre ellos y de los que más relevancia por audiencia/lectores tienen en el país, hay unos que abiertamente demuestran su poca “afinidad” con las ideas presidenciales.
Hay que decirlo, Petro recibe un país sumido en una profunda crisis social, económica y política, una situación potenciada por las bochornosas y aberrantes denuncias de corrupción como el caso de la reconstrucción de Providencia, la pérdida de los 70 mil millones de centros poblados, la mala ejecución de más de 200 mil millones del aeropuerto del café, entre otros, situaciones que a su vez ponen aún más en entre dicho la credibilidad institucional.
También recibe un país con unos desafíos exacerbados en materia de lucha contra el narcotráfico, con el capítulo cada vez más violento del segmento del microtráfico, una amenaza que ya se volvió realidad en las calles y que parece que hasta el momento le gana la partida al Estado colombiano.
Otro aspecto que debe ser prioridad para el gobierno es la protección al ejercicio económico de los ciudadanos, teniendo dos factores que afectan principalmente el mismo: la extorsión, un flagelo que se debe enfrentar con contundencia, haciendo valer la autoridad del Estado desde lo policial hasta lo judicial; y la protección de la propiedad privada.
En este último caso, el gobierno nacional debe entender que al igual que el caso del MinMinas, este será un elemento muy expuesto al escrutinio de los medios de comunicación y de los ciudadanos del común, por lo tanto debe ser muy ágil para dar mensajes claros que no se presten a malinterpretaciones de ningún actor, y en caso, como está ocurriendo en varios departamentos del país, de presentarse acciones unilaterales de grupos sociales que hacen reclamos al Estado (muchos de ellos válidos, otros no), el gobierno debe ejercer su liderazgo para desarrollar una agenda que privilegie la vía contractual y administrativa en detrimento de las “vías de hecho”.
Hay numerosos desafíos que en este espacio es imposible enumerarlos todos, más aún como reitero, Gustavo Petro recibe del gobierno anterior, un país desordenado y “descuadernado” en muchos aspectos, pero, ya pasados treinta días se hace imperioso que se den mensajes de liderazgo que llamen al orden, especialmente internamente para mitigar los “ruidos” mediáticos innecesarios, y de esta manera permitan cerrar frentes para dirigir sus esfuerzos a los desafíos y encrucijadas verdaderamente importantes que permitan allanar el camino por el cual el presidente quiere transitar.
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