Armar no es el camino

Crecimiento equitativo

Mario Germán Fernández De Soto

Es incomprensible que cuando agencias internacionales proyectan un crecimiento económico favorable, el país mantenga unas brechas sociales tan amplias que generen una inequidad social y falta de oportunidades para las familias de escasos recursos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Ocde, estima que Colombia tendrá el mayor crecimiento de América Latina en el presente año, alcanzando el 6,1%, ponderando el manejo monetario y fiscal de la nación, mientras que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, proyectó un incremento del Producto Interno Bruto P.I.B. en 4,8 % para el 2022, elevando su pronóstico en más de un punto, porcentualmente hablando.

Entretanto, el Dane sigue diciendo que tenemos más de 21 millones de pobres que no poseen ingresos suficientes para suplir sus necesidades básicas y que 7,4 millones de personas están en la pobreza extrema.

Ello, causa dolor de patria y desconcierto, porque siempre me cuestiono: ¿De qué nos sirve el crecimiento económico durante un determinado período sino se traduce en promoción social y mejoramiento financiero para la mayoría? Me atrevo a dar respuesta muy preliminar: Es que ese “valor agregado” se queda en una parte pequeña de la estructura económica nacional.

Es decir, los réditos nominales de lo que constituye tal incremento productivo no se distribuyen en los sectores socioeconómicos más vulnerables y, por el contrario, parece que enriquece a unos pocos.

Ahora bien, No se trata de señalar de manera peyorativa a ciertos sectores con resentimiento; porque al fin y al cabo, algunos de ellos por contar con una mayo competitividad merecen ganar más, pero ¿Cuál es la verdadera razón para que los recursos no lleguen a los más necesitados? Considero que vale la pena analizar una fórmula para poder equilibrar los salarios cada semestre conforme a los índices de precios al consumidor.

Creo que esta idea sería posible llevarla a cabo en la medida en que se revise el “salario real” de los trabajadores, para determinar si las variables macroeconómicas han afectado su capacidad adquisitiva en un porcentaje mayor al índice de precios al consumidor, IPC, de tal manera que se pueda pactar con los empleadores un incremento proporcional que permita corregir tal desajuste monetario.

De modo y razón que, cuando se produzca un crecimiento económico que la mayoría de expertos asocian con las tendencias inflacionarias, podría recuperarse capacidad adquisitiva para los estratos socioeconómicos menos favorecidos y a la vez, en compensación al esfuerzo de las empresas, decretar un moderado reconocimiento por parte del fisco nacional a través de un descuento tributario en la misma medida para aquellos contribuyentes que asuman la referida corrección económica vía salarios.

Pienso que una propuesta de tal naturaleza, que puede ser consensuada por sectores empresariales, sociales, sindicales y gremiales en general, puede ser considerada por los candidatos a la Presidencia de la República y estudiada por las Universidades, las centrales obreras y los centros de investigación y estudios socioeconómicos buscando una solución concertada a la distorsión que se presenta cuando existiendo un marcado crecimiento económico no es posible que tal beneficio impacte positivamente a todos los grupos poblacionales.

El crecimiento económico debe ser equitativo.

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