Conversaciones peligrosas

Harold García

Cuando en 1961 se efectuó el juicio en Jerusalén del teniente coronel en el Tercer Reich, Adolfo Eichmann, traído desde Argentina, donde estaba oculto, en primera fila estaba la filósofa Hannah Arendt, como reportera de la revista New Yorker, y con su corazón sensible pero abierto, por su visión liberal a pesar del origen Judío, esperaba expectante ver a ese hombre que encarnaba lo que ella denominaba “el mal radical” , es decir un ser alucinante que arrogantemente justificaba con razones ideológicas ese mal extremo y sádico, pero, para sorpresa de ella misma, su sensación fue de encontrarse con un hombrecillo insignificante que justificaba su actuar en el cumplimiento de un gris deber burocrático, una cotidiana actividad sin mayor emoción.

Era sencillamente cumplir parte de una rutina logística que se hace por obligación, casi sin pensarlo ni generarle algún tipo de inquietud.

Entonces Arendt acuñó el termino “mal banal”, un tipo de violencia sin sentido, un mal extremo e inexplicable generado por una persona normal.

Desde luego, produjo gran controversia, iniciando por los judíos adoloridos ante la barbarie Nazi.

Hace pocos días los colombianos recibimos la noticia que Mancuso y Timochenko querían contar la verdad de la violencia en Colombia, revelar su parte de verdad, como jugando a armar un rompecabezas de tantos años de sufrimiento y dolor de nuestro pueblo.

De hecho, ya se unieron para pedir al padre De roux se celebre una audiencia pública de la comisión de la verdad para contar lo sucedido en el conflicto.

Veladamente hablan de revelar los actores que podríamos denominar ocultos o mimetizados del conflicto, supondríamos que hacen referencia a los financiadores, los instigadores, los patrocinadores de muchos actos violentos que desde luego los favorecían, beneficiaban y hasta inevitablemente se hacían de la vista gorda para no ser visualizados.

La preocupación es ¿Cuál es el interés de dichos mensajes de Timochenko y Mancuso? En el lenguaje de Hannah Arendt ¿esa medianamente tardía voluntad de revelar la verdad del conflicto, nos permitirá conocer la personalidad de los citados actores y quienes sean mencionados por ellos? ¿Podremos conocer las verdaderas razones de tanta violencia en Colombia? ¿Será que ellos encarnan ese mal radical que debe ser erradicado de nuestro país o sencillamente cumplían una misión banal porque otros se lo pedían y no les quedó más que cumplir esas ordenes sin mayor análisis? ¿Bastará con abrazarnos y llorar?

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