Umberto Valverde

¡Ay mi Cali!

Umberto Valverde

Después de toda la época de pandemia y protesta social con vandalismo, he vuelto a caminar el centro, necesitaba ir a la Librería Nacional para comprar el libro “Gabo, Mercedes, una despedida”, escrito por Rodrigo García, director de cine, hijo del escritor, quien relata los últimos años difíciles en la vida de García Márquez cuando pierde la memoria.

Al salir de la librería caminé por la Plaza de Caycedo, una asquerosidad, un abandono total, las caras de las personas son como fantasmas, es como una ciudad en guerra, las vitrinas y frentes de edificios con maderas como protección; en Cali, a diferencia de Cartagena, donde estuve 12 días no se puede caminar, en Cartagena –aunque es una ciudad colombiana- en Bocagrande y la ciudad vieja se camina por dos horas sin sensación de robo o muerte.

En Cali la muerte ronda cada metro. El sur, me dice un amigo, es terrible, se roban los puentes a pedazos, la ciudad está llena de asquerosos graffitis sin ninguna estética, es una ciudad destrozada, donde una turba (con razón, quizás) salió y se encontró que no existía control ni autoridad, que el alcalde Ospina lo permitía todo y después se sentó con enmascarados a darles el poder de Cali.

Yo lo escuché decir en sus soliloquios por Facebook: “Cali tiene que convivir por un tiempo al ritmo de los bloqueos, es la nueva realidad”. Es decir, les otorgó el poder.

Ahora queman dos carros en el puente de los Mil Días y sacan un video en Facebook diciendo que ellos no son, qué maravilla. No se ve un policía en ninguna parte, Duque hizo un show de enviar cinco mil policías, me dicen que nunca fue cierto, que no hay donde alojarlos.

En Santa Librada, diez recicladores o venezolanos, extienden una cuerda y cierran la vía. Para ir al aeropuerto se va con miedo, uno tiene que irse con cinco horas de anticipación.

Cali es una ciudad de servicios, no hay industria, ¿quién vendrá a Cali? Un suicida. Todos quieren iniciar la reactivación. Pero, ¿la seguridad? La gente no quiere salir, se suben al carro, hacen su vuelta y de nuevo al encierro.

Destruyeron el MIO, no transportan más de cincuenta mil personas. Destruyeron la semaforización. Es la ley de la selva, los atracadores están felices. Las bandas hacen sus negocios a su manera.

También matan, como lo hicieron con Junior Jein. Investigación, no, las bandolas tienen amenazada a la Policía.

¡AY MI CALI! Esto no parece tener futuro. ¿Cuando se recuperará Cali? Cuánto le queda a Ospina, ya su plan de trabajo no le alcanza, canceló la obra de la Avenida Sexta, dizque la plata para los jóvenes.

¿La van a regalar en las esquinas? Ay Mi Cali, esto es un basurero, así te dejaron, te metieron cien mil cuchilladas, estás tirada en el piso y nadie te levanta, eres una vergüenza Cali, veamos fútbol, Copa Europa y Copa Conmebol, salimos a la esquina, un café, no hay quien, en la calle no hay policía, todos parecen tener cara de vándalos, también tienen escudos, cuchillos, que ciudad, entre Duque, la pandemia y Ospina, acabaron con Cali, la enterraron.

Nadie habla, tienen miedo.

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