Apologías y rechazos historia y literatura de la mano

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Sería pertinente que la comisión  que trabaja sobre la restauración de la   asignatura de Historia sepa mediar entre los extremos de volver a una cátedra tradicional o reivindicar el materialismo histórico.

El primer modelo estaría descontextualizado y no lo asimilarían los jóvenes inmersos en la tecnología y la brevedad. Nosotros lo acatamos porque fuimos  fundamentados durante casi medio siglo con la historia tradicional de Los Hermanos Maristas o la de  Henao y Arrubla, evaluados con parámetros que  medían la memoria y  exigían un ejercicio intelectual que, sin analizar los hechos sociales, hiciera  inventarios  de fechas, héroes, batallas,  lugares, periodos y presidentes.

Décadas después se forjó el Movimiento de la Nueva Historia que fue asimilado por otra clase de  jóvenes, ahora fundamentados por el materialismo histórico e influenciado por el mayo francés del 68, dispuestos a la investigación de las causas, al debate y el discernimiento económico de los hechos. 

Pero este otro modelo  también sería incompatible para una juventud hoy  alejada del debate y acostumbrada a resolver sus obligaciones académicas con el mecánico ejercicio de bajar y pegar las píldoras informativas de Internet, aceptado por docentes cuya metodología se centraba en repasar los conceptos proyectados con los Video Vip.

La asignatura de historia requiere ir de la mano con la literatura, ya que los nuevos escritores  con sus ficciones   suplieron aquel vacío académico dejado por el silencio de la historia. 

Sergio Cabrera con su serie televisiva La Pola sedujo a la juventud más que  unas mejores clases  de  historia. Repetirla sería el mejor homenaje de la televisión al bicentenario.

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