2020: un año difícil para los líderes

José David Solís Noguera

Recientemente, la Misión de Observación Electoral – MOE, presentó un informe de violencia contra líderes políticos, sociales y comunales que no sólo entristece por la forma sistemática de sometimiento en los territorios, sino que preocupa por la letalidad con la que han venido callando la voces resilientes y resistentes, especialmente de líderes y lideresas sociales.

Este año, – aún con una pandemia encima que nos ha tenido confinados- ha sido sangriento y difícil para campesinos, indígenas, afros y políticos comunales, que desde los diferentes territorios del país trabajan por los derechos sociales de sus comunidades.

Preocupa sobremanera que, en el período enero a octubre del 2020, de los 411 hechos de violencia registrados, 96 hayan sido contra lideresas sociales, teniendo a la amenaza como el tipo de violencia más recurrente. Este año, debido a mi labor social y liderazgo en distintos procesos de ciudad, fui amenazado dos veces, y por más “perrenque” que se tenga, no deja de amilanar las ganas de seguir haciendo y construyendo comunidad.

Según el período analizado, la violencia contra los líderes sociales mantiene la tendencia de los años anteriores y la cifra va en aumento. Esto no sólo nos pone a todos los líderes comunales, sociales y políticos en una situación de riesgo enorme, sino que atenta contra las expresiones de la democracia en el nivel más cercano a la gente.

El gran reto del Gobierno Nacional para el próximo año debe centrarse en garantizar no sólo la seguridad y la vida de los líderes sociales, sino en promover un esquema de investigación y judicialización serio que permita dar con los verdaderos responsables de las amenazas y los crímenes.

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