agosto 20, 2018

Los colores no son los mismos que los de otras playa

La mística del Pacífico

Francesco Zucconi
Diario Occidente

Muy cerca de Cali, casi a tres horas por carretera queda Buenaventura, una ciudad estigmatizada, con problemas, como cualquier otra, y quizás mal vista por algunos. Pero más allá del imaginario urbano que esta genera, existe un paraíso selvático que es casi virgen.

Justo después de arribar al puerto, nos encaminamos hacia un muelle, ahí tomamos una embarcación para ir hasta Ladrilleros.

Dentro de la lancha se hacen presentes mil sensaciones. El mar es picado en algunas zonas y en otras está totalmente quieto.

El viento golpea el rostro y hace entrar al turista en una especie de letargo.

Los pelícanos y las gaviotas van cayendo raudos en picada a los lados de la embarcación en busca de comida, todo tiene vida, todo se mueve, todo encanta.

Apenas llegar, saqué mis zapatos, la arena se siente diferente, la humedad se pega al cuerpo inmediatamente, el clima causa estupor y el olor a sal y a pescado son una combinación que fue hecha casi que por brujos.

Bastan solo minutos para darse cuenta que el Pacífico colombiano posee una belleza extraña, no todos los ojos la pueden apreciar, es tan rara que al primer golpe de vista cautiva.

Los colores no son los mismos que los de otras playas, el mar tiene distintas tonalidades de verde oscuro, la arena es lóbrega casi negra, el cielo mantiene nublado, gris.

Por esta época las ballenas yubartas van a concebir al Pacífico colombiano. Estos enormes mamíferos eligen estas playas, puesto que no existen depredadores y el agua es cálida.

Cada agosto, en altamar, es normal encontrar un puñado de turistas, quienes, ansiosos y escépticos, esperan que las 40 toneladas de una jorobada adulta rompan el agua y creen un avistamiento épico.

Las yubartas, como buenas anfitrionas, se hacen esperar, estamos a su merced en su territorio. Tímidamente asoman el lomo o una aleta, hasta que, cuando todos estamos desprevenidos, a nuestra izquierda un ballenato saltó.

Segundos después, otro se elevó a nuestra derecha.

Más planes
Aparte del avistamiento de jorobadas, el Pacífico ofrece otras opciones para los visitantes. La apuesta ahora es al ecoturismo y en Isla Peregrina se está llevando a cabo esta idea.

El ecoturismo, como su nombre lo indica, lo que ofrece es un acercamiento directo del turista con el medio ambiente.

La cabaña está construida a la vera de la ensenada. Cuando la marea baja se ve el suelo, pero cuando sube, lo cubre y se debe caminar sobre el agua.

La tecnología y la señal móvil son una ilusión aquí. Solamente un par de paneles solares, son los encargados de recordar la existencia de los circuitos.

El sonido de las olas, la salpicadura de los peces saltando y el ruido que hacen las parvadas con su aleteo, son lo que más caracteriza este tipo de turismo.

El menú es el de la isla, los moluscos, están a la orden del día, todo preparado por manos nativos.

Lejos de la Isla Peregrina se encuentra Bahía Málaga y aquí, escondida entre el follaje de la selva hay una maravilla natural llamada Las Tres Marías.

Se trata de una serie de diez piscinas naturales, en estilo de cascada. Cuando me bajé de la lancha y comencé a caminar por el suelo tapizado de hojas secas, me sorprendí por algunas cosas, la primera fue que el agua de las piscinas naturales es dulce, la segunda es que es demasiado cristalina y la tercera es que cuando me di cuenta, ya estaba con medio cuerpo adentro.

Un lugar que hipnotiza. El ruido del agua bajando en cascada va llamando al turista, hasta que este termina sumergiéndose en las piscinas naturales.

La mística del Pacífico está muy cerca, a pocas horas por carretera. Buenaventura es más que las yubartas, es un paraíso tropical, es un espacio para el turismo diferente, un lugar que desata el nirvana, en el que las horas se pasan como segundos.

Déjenme decirles, he conocido las playas en Colombia, Ecuador, Perú y ninguna quedó en mi memoria tan clara como las de Buenaventura.