Cali, octubre 13 de 2026. Actualizado: martes, octubre 13, 2026 11:29
Uno de cada cuatro adolescentes entre 13 y 17 años reporta acoso escolar en América Latina y el Caribe, una forma de violencia asociada con consecuencias para la salud mental, física y emocional.
Ante este panorama, la Organización Panamericana de la Salud, OPS, presentó una guía con medidas para prevenir y responder al acoso y al ciberacoso.
La estimación regional parte de datos recopilados entre 2009 y 2019 mediante la Encuesta Mundial de Salud a Escolares de la Organización Mundial de la Salud.
Sin embargo, la prevalencia cambia según el país y el año analizado.
En Centroamérica, cerca del 23% de estudiantes señala experiencias de acoso, mientras el Caribe registra alrededor del 25% y América del Sur alcanza aproximadamente el 30%.
El acoso puede manifestarse mediante golpes, insultos, exclusión, rumores, comentarios o conductas de carácter sexual.
Además, las tecnologías digitales ampliaron los espacios donde ocurre esta violencia, pues el hostigamiento puede continuar después de finalizar la jornada escolar y llegar directamente a los dispositivos utilizados por niños y adolescentes.
La OPS define el ciberacoso como hostigamiento, amenazas o humillaciones mediante redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos en línea, foros y otras plataformas digitales.
En algunos países de las Américas, entre aproximadamente el 7% y el 27% de niños y adolescentes afirma que experimentó ciberacoso durante los 12 meses anteriores.
Los porcentajes resultan sistemáticamente mayores entre las niñas.
A diferencia del acoso presencial, el ciberacoso puede ocurrir a distancia y durante cualquier momento del día.
Los mensajes o imágenes también pueden circular repetidamente y alcanzar a numerosas personas en segundos.
Asimismo, el anonimato puede dificultar la identificación del agresor, mientras la permanencia de los contenidos en internet permite que la situación continúe.
El acoso escolar en América Latina y el Caribe también puede relacionarse con depresión, ansiedad, estrés traumático, aislamiento social, trastornos del sueño, autolesiones, pensamientos suicidas e intentos de suicidio.
Por ello, la OPS plantea que los servicios de salud participen en la detección temprana y evalúen posibles efectos sobre la salud mental.
Entre las señales de alerta aparecen cambios repentinos de comportamiento, falta de energía, aislamiento, rechazo a asistir a clases, tristeza persistente, ansiedad, problemas para dormir, irritabilidad y lesiones inexplicables.
En situaciones relacionadas con internet también pueden presentarse angustia ante notificaciones, cambios después de usar dispositivos, abandono de cuentas o resistencia a conversar sobre actividades digitales.
La nueva guía señala que las intervenciones aisladas no resultan suficientes.
La evidencia recopilada por la OPS apunta hacia programas integrales y sostenidos que involucren estudiantes, familias, docentes, servicios de salud, comunidades y otros actores relacionados con el desarrollo de niños y adolescentes.
Estas estrategias incorporan habilidades socioemocionales como empatía, regulación de emociones, resolución de conflictos y relaciones interpersonales.
En el ámbito digital, incluyen alfabetización, seguridad en internet, conocimiento de los mecanismos de denuncia y reglas claras de comportamiento.
La OPS también recomienda abordar privacidad, consentimiento y ciudadanía digital desde las instituciones educativas.
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