enero 11, 2019

Devuélvanos al diablo

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Los símbolos existen porque más que imágenes estos están revestidos de solemnidad y representan sentimientos colectivos.

Son tan importantes que les facilitó a los antropólogos identificar las diferentes culturas en el desarrollo humano.

Quién no recuerda de sus primeros años de escolaridad que el primer valor de respeto se asimiló en posición firme frente a la bandera y que no era lo mismo disponerse a hacer cualquier dibujo en el cuaderno, que cuando nos tocaba hacer el escudo de Colombia. Es que los escudos, las banderas y los himnos se arraigan en el sentimiento popular, tanto que percibirlos o escucharles lejos de la patria siempre provocan lágrimas.

Parecida experiencia se siente cuando los hinchas acompañan a su equipo que juega como visitante en otra plaza y lucen con orgullo el escudo en sus camisas.

En cambio la predilección por determinadas marcas comerciales es efímero porque es susceptible a que la moda o la calidad de los productos impongan otras.

Si el primer dibujo hecho con respeto fue el escudo de Colombia, nuestra primera pasión fue dibujar el escudo del equipo amado.

Cuando en la juventud surgieron nuestras primeras identidades las expresamos en la pared de la habitación, que para nosotros era un verdadero templo, con el escudo y la foto del onceno rojo.

Desde que empezó a leer mis líneas, ¿ inmediatamente lo relacionó con el cambio que le hicieron al escudo del América? Sí, porque no es una marca, es la pasión de un pueblo.

Fui educado en una familia católica y mi predilecto diablo rojo jamás tuvo algo de satánico. Devuélvanos al diablo.