Cali, abril 23 de 2019. Actualizado:

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El bazuco tiene el estigma de ser la droga de los habitantes de calle, pues es la más barata

Un viaje al infierno del bazuco en Cali

En el primer informe sobre la ruta de las drogas emergentes en Cali, pudimos conocer la historia de Rubén, consumidor de drogas inhalables o pegante. En la segunda entrega conocimos a Alexander, inyector y adicto a la heroína.

Hoy el turno es para Luisa, de 25 años, habitante del barrio Sucre, adicta al bazuco y consumidora de esta droga desde hace más de 10 años.

¿Qué es el bazuco?
Antes de entrar a conocer la historia de Luisa, debemos saber primero qué es esta droga, desconocida por muchos.

El bazuco, o la pasta base, es una de las drogas más baratas en el mercado colombiano. Actualmente una papeleta cuesta $500. Este narcótico es elaborado con todos los residuos que quedan en el proceso de realización de la cocaína.

Estas sobras son mezcladas con ácido sulfúrico y queroseno. Los elementos anteriormente mencionados sirven de puente para que el bazuco pueda llegar más rápido al sistema central y que haga efecto en pocos minutos.

¿En qué se fuma?
El bazuco se consume en pipas, las cuales son elaboradas por los mismos consumidores. Estos elementos se fabrican con guadua, tapas de lapicero, tapas de gaseosa y papel aluminio.

Es curioso ver como ellos mismos crean sus pipas y las defienden a muerte, estos elementos son sus fieles y leales compañeros.

Los adictos se convierten en unos expertos artesanos en la fabricación de las pipas.

La historia
“Estoy en la calle pero tengo casa y ahí están mis dos hijas. No voy porque no quiero que vean lo que es hoy la mamá de ellas”. Entre lágrimas y tristeza, así inició el relato de Luisa, consumidora de bazuco de 25 años.

Luisa cayó en las drogas a la edad de 15 años y relata que, desde desde esa edad, hace cualquier cosa con tal de tener una papeleta de bazuco en su canguro: “He caído en la cárcel dos veces por ladrona, pero igual sigo robando, me gusta llevarme la plata de la gente, los engaño con tal de fumar pasta. He tenido que irme a la cama con tipos. Con el que me gusta me acuesto, se lo doy y le cobro, pero al que no me gusta le quito todo, lo punteo (puñalada) y me voy”.

“En estos días casi me matan, me metieron siete puñaladas en la espalda. El que casi me mata fue un tipo al que robé hace rato. Me salvaron los policías. Casi me desangro”, comentó Luisa entre risas, mientras se subía la blusa y posaba con sus heridas cubiertas con esparadrapos sucios para nuestro lente.

El relato de Luisa se veía interrumpido por extensas pausas que ella hacía para recordar los sucesos. Por cada pausa, ella ponía un poco de polvo blanco en su pipa, candela en mano, daba fuego para detener al menos por un minuto su eterna ansiedad.

Efectos
Luisa habló de la duración del efecto del narcótico: “La bolsa de bazuco me dura unos cuatro o cinco plones, el efecto de esos plones me puede durar entre 25 y 30 minutos. En ese momento tengo que volver a fumar, o empiezo a temblar y a vomitar”.

A su vez, aprovechó para hablar de los efectos secundarios de consumir bazuco: “Paré de dormir, estoy despierta hace cuatro días. Cuando me estoy quedando dormida siento dolor de cabeza y ganas de vomitar, que solo se me quitan con un ploncito”, concluyó Luisa.

El bazuco en cifras
Esta droga tiene el estigma de ser propia de los habitantes de la calle por su bajo costo. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito, 1.2% de los colombianos la han probado. Para el año 2018, al menos 38.000 personas se consideraron adictas al bazuco.

Se estima que un kilogramo de bazuco puede costarle al jíbaro $270.000, pero la droga en las manos de los consumidores, puede dejar ganancias que superan los dos millones de pesos.

En el año 2017, la Policía logró a nivel nacional la incautación de más de nueve millones de dosis de este narcótico.

El riesgo y el daño
Según Jorge Quiñones, médico toxicólogo, el bazuco trae a los consumidores daños familiares y físicos que son totalmente irreversibles: “Esta droga destruye totalmente a la familia. El consumidor pierde la función social, se desconecta del núcleo familiar y social para autodestruirse. La persona entra en un proceso de degradación, abandona todos sus proyectos personales y lesiona la convivencia dentro de cualquier círculo”.

El médico habló del proceso que sufren los adictos: “El agotamiento es constante, estos hacen un cúmulo de daño físico y esto conlleva que a través del tiempo cambien sus rasgos. Esta es una enfermedad crónica, incurable y de altísimo costo. El sistema nervioso se deteriora de manera irrecuperable. Hoy la drogadicción es más incurable que el cáncer”.

Diario Occidente

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