Cali, septiembre 18 de 2020. Actualizado:

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Polémica por derribamiento de estatua en Popayán

¿Es cierto que Sebastián de Belalcázar fue un criminal genocida?

En video quedó registrado el momento en el que un grupo de indígenas de la etnia Misak derribó una estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar, ubicada en el morro de Tulcán en Popayán, Cauca.

Las imágenes desataron una polémica nacional entre quienes respaldan y quienes rechazan este acto, calificado por unos como reindicación y por otros como vandalismo.

 

Indígenas tumbaron estatua de Sebastián de Belalcázar en Popayán

El monumento a Sebastián de Belalcázar erigido en el Morro de Tulcán, en Popayán, fue derribado por indígenas guambianos.

Publicado por Diario Occidente en Miércoles, 16 de septiembre de 2020

 

En medio de una protesta, que se realizó este miércoles en la capital caucana, los indígenas sujetaron con lazos la imagen del conquistador y tiraron hasta echarla al suelo.

En mayo pasado ocurrieron hechos similares en Estados Unidos, donde los monumentos de varios próceres de ese país e incluso de Cristóbal Colón, considerados racistas, genocidas o esclavistas, fueron derribados tras la muerte de George Floyd, el afrodescendiente que fue asesinado por policías en Minneapolis.

Desde entonces en varios países, entre ellos Colombia, y en ciudades como Cali, se ha estado debatiendo sobre las estatuas que rinden homenaje a los conquistadores españoles, la mayoría de los cuales lideraron campañas de exterminio contra los pueblos indígenas de América.

Desde que se conocieron las imágenes del derribamiento de la estatua de Sebastián de Belalcázar en Popayán, en las redes sociales comenzaron a preguntar si ocurrirá lo mismo con el icónico monumento erigido en Cali en honor a su fundador, mientras que otros están reclamando vigilancia especial para evitar que tumben la imagen.

Historia

¿Pero quién fue realmente Sebastián de Belalcázar? ¿Fue un héroe o fue un villano? El catedrático, abogado e historiador Alberto Ramos Garbiras escribió una columna para el Diario Occidente en la que cuenta quién fue en realidad el fundador de Cali. Este es el texto:

Sebastián de Belalcázar: oro, tierras y genocidios

Inmenso número de españoles continuaron realizando viajes a ultramar después de la tercera navegación de Cristóbal Colón (1498), decían venir a evangelizar (traían curas doctrineros) para extender el cristianismo. En medio de estos viajes, a los pocos años, se conforma la Monarquía Universal Católica con la posesión de Carlos V en 1516, pero la mentalidad de esos aventureros españoles seguía enfrascada en el fanatismo de las cruzadas, y en las aventuras de los libros de caballerías como la del autor Garci Rodríguez de Montalvo, o las producidas antes y después de la titulada Amadís de Gaula. Además, los españoles fueron invadidos por los moros desde el siglo VIII y solo en enero de 1492 lograron expulsarlos después de la toma de Granada. Esta invasión de 7 siglos los había fanatizado y radicalizado más en el aspecto religioso, con énfasis desde la regencia de los reyes católicos de Castilla y Aragón, y luego el ascenso del Carlos I en España y V en otros territorios.

La mayoría de los españoles que arribaron a América y los que penetraron a la tierra firme (Panamá, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela), para mencionar solo Centro América y el norte de Suramérica; asesinaron indígenas sin piedad, siendo católicos no practicaron los mandamientos ni la caridad cristiana, con el pretexto de que eran bárbaros ateos. Sebastián de Belalcázar practicó el ataque con muertes masivas o genocidios en Panamá, Nicaragua, Honduras, Perú y Ecuador, antes de llegar al Valle del Cauca, cuando tenía 56 años.

Fue segundo al mando de militares asesinos como Pedrarias Dávila, Hernández Córdoba y Francisco Pizarro, o sea tenía de aprendizaje la escuela más cruel de arrasamiento. Entre Panamá y Nicaragua, en diez años (1514 / 1524) asesinaron a más de 800.000 personas, con las instrucciones de Pedrarias Dávila y Hernández Córdoba, quienes fungían de gobernadores, y Belalcázar, de capitán. Hicieron exacciones de más de un millón de Castellanos, dinero de la época, y reportaron al Rey en mercedes o pagos solo 3.000 castellanos, o sea defraudación al fisco Real.

Los españoles al llegar a América trasplantaron el feudalismo, modo de producción con el que convivían, pero como no trajeron campesinos a trabajar, ni labradores, peones, siervos de la gleba para cultivar la tierra, o sea, no trajeron agricultores para cultivar y cosechar; si venían campesinos como el mismo Belalcázar y miles más, pero llegaban con el proyecto ambicioso de apoderarse de la tierra a nombre del Rey, y a convertirse en encomenderos, por esta razón a los indígenas que sobrevivieron a los genocidios (excepto los que se pudieron escapar), los obligaron a trabajar la tierra, dedicarse a la búsqueda del oro y los obligaron a ser cargueros de todo lo que necesitaban transportar: La esclavitud indígena. Con el pretexto de convertirlos a la religión católica, sacarlos de la impiedad, o aniquilarlos para la salvación eterna sino se sometían al trabajo agrícola.

Del Ecuador a Cali

Belalcázar venía del Ecuador, eliminando indígenas, almacenando oro, perlas y joyas; quemaban las aldeas con casas de techo de paja, a los sobrevivientes los herraban para tomarlos como esclavos; la metodología la explicó Fray Bartolomé de Las Casas y la sinteticé en mi anterior columna titulada “Estatuas y falsos héroes”, publicada en esta Revista Sur. Antes de llegar al Valle venía de invadir la zona de Timbío y sus alrededores, atacó a los Timbas con dos ejércitos, los militares españoles y los indígenas reclutados para la guerra como felones; primero llegaba una avanzada para aplacar a los indígenas.

Bartolomé de Las Casas dice que practicó guerras injustas, crueles, sangrientas y tiránicas. Mataban a los hombres adultos, dejaban vivos a los jóvenes y a las mujeres para esclavizarlas en la servidumbre de todo tipo. Según este cronista de quien nadie duda que recopiló información con otros capellanes, “los indígenas en gran parte de las ocasiones no se opusieron a la llegada de los españoles “cristianos”, porque no sabían de sus intenciones y modo de obrar, pero, los trataron peor que a las bestias, como estiércol de plaza. Todos han muerto sin fe ni sacramento, ¿entonces dónde quedaba la evangelización?”.

En la segunda edición del libro “Brevísima relación de la destrucción de las indias”, publicado con ajustes y ampliaciones en 1552, un año después de la muerte de Belalcázar en Cartagena, en la parte final del libro, Bartolomé de Las Casas, anexa una carta de 8 páginas donde un militar español que acompañó a Belalcázar entre Cali y Cartago, menciona otros españoles que protagonizaron varios eventos con él ese año de 1536, entre ellos, Miguel Muñoz, Alonso Sánchez Nuita, Pedro Lobo, Morán, Pedro Solano, Antonio Redondo, Marco Márquez, Francisco Gaviria Tobar, Martín de Aguirre y otros.

Narra en esta carta las atrocidades cometidas. Juan De Ampudia ya había llegado como avanzada al pueblo denominado Palo, enviaba los indígenas Yanaconas adelante (los que les servían como ejército colaboracionista), para ubicar las tribus y robarles la comida que los indígenas tenían almacenada, quitarles el ganado de ovejas, estos Yanaconas comían solo el corazón y los sesos de las ovejas. Ampudia fundó la villa de Ampudia: cuatro comunidades había en las cercanías: Los Jamundí, Los Palo, los Soliman y los Bolo.

Masacre

Sobre la masacre de los Lilíes se observa en esta carta encontrada en una imprenta de Sevilla (España) que, después de quitarles las cosechas guardadas, quemaron sus casas, les quitaron las tierras, durante muchos días combatieron con ellos y apresaron a los sobrevivientes. Lo mismo sucedió con la comunidad indígena de los Tolilicuy; Belalcázar les solicitó oro, y les expedían una certificación o Cédula(redactada por un amanuense porque Belalcázar no sabía escribir), luego el indio que no mostrara la Cédula, era presa de los perros mastines que los destrozaban. Así, algunos de los sobrevivientes huyeron a las montañas y quedó desolado el sitio. Otra táctica de Belalcázar era poner a pelear o hacer enfrentar a los indios de las montañas con los de la planicie (los de la montaña eran belicosos y algunos antropófagos), como los Olomas y los Manipos, generando guerras Inter-tribales.

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